6 nov. 2015

FELIPE EL PRUDENTE (VI)

Lo que sabemos de las relaciones amorosas extramatrimoniales de Felipe es tan poco, que, en estricta justicia, no se puede menos de conceder al rey el beneficio de la duda, sobre todo teniendo en cuenta que sus adversarios amplificaron y exageraron tanto sus devaneos que no dudaron en presentarlo como un sátiro desenfrenado y un incorregible libertino. Su más encarnizado enemigo, Guillermo de Orange, líder de la rebelión de los Países Bajos, en el manifiesto que, con el título de "Apología", dirigió "a todos los reyes de la cristiandad y a otros potentdos", acusó a Felipe de haber atentado matrimonio con su prima Maria Manuela cuando ya estaba casado secretamente con una dama llamada Isabel de Ossorio, de la que tuvo muchos hijos. De estas relaciones prematrimoniales de Felipe, es que existieron, nada se sabe. Mas tampoco hay razones para creer en ellas. Nadie mejor que el emperador conocía la conducta de quien había de ser su heredero; a ninguna otra persona habrían informado puntualmente los que hubiesen sabido algo sobre el comportamiento de Felipe en esta materia. Y sin embargo, los términos en que se expresaba el emperador no dejan duda sobre la pureza de la conducta del monarca cuando se preparaba para contraer su primer matrimonio. He aquí las palabras de Carlos V:

"Hijo, placiendo a Dios, presto os casaréis, y plega a Él que os favorezca, para que viváis en este estado, como conviene por vuestra salvación y que dé los hijos que Él sabe serán menester. Mas porque tengo por muy cierto que me habéis dicho la verdad de lo pasado, y me habéis cumplido la palabra (de no conocer mujer) hasta el tiempo que os casáredes, no poniendo duda en ello, no quiero hablar sino de la exhortación que os tengo que dar después de casado".

Acusó también Guillermo a Felipe de haber dado cruel muerte a su hijo el príncipe don Carlos y a su esposa Isabel de Valois, al descubrir que se amaban. También Antonio Pérez publicó en 1592 unas "Relaciones", firmadas con el pseudónimo de Rafael Peregrino, en las que, a las calumnias de Guillermo de Orange, añadió otras de su propia cosecha, entre ellas las de los presuntos amores de Felipe II y la princesa de Éboli. De la "Apología" y de las "Relaciones" derivaron multitud de publicaciones destinadas a denigrar a Felipe y a la política española en general, de las que a su vez bebieron otras muchas obras de carácter literrio. Así, la novela "Don Carlos, novela histórica", del abate César Vichard de Saint-Réal (1639-1692), alcanzó enorme popularidad e inspiró obras de gran valor literario, pero de nulo valor histórico. Otra de las fuentes de la que han bebido los detractores de Felipe fue "La vita del Catolico Re Filippo II", de Gregorio Leti (1630-1701), verdadero cajón de sastre donde se reúnen las anécdotas maliciosas recogidas por todos los libelistas anteriores y las que el propio Leti sacó de su imaginación. Finalmente están los informes de tres embajadores venecianos (Badoero, Paolo y Soranzo), en los que se recogen los bulos y hablillas de la corte durante los "años difíciles" de Felipe. La lascivia del monarca despierta, al parecer, relativamente tarde, después de la muerte de María Manuela. Es verosímil que los amores con Isabel de Ossorio, a los que antes aludimos, daten de esta época; Guillermo de Orange dice que de ellos nacieron dos o tres hijos (don Bernardino y don Pedro); si no los hubo, sí es cierto que Felipe entregó a Isabel valiosas prendas de su amor, que permitieron a su amante fundar un señorío con unas villas cercanas a la ciudad de Burgos. Al parecer todo terminó en 1548, año en que Felipe marcha a Alemania y Flandes por orden de Carlos V. Los tres años que duró esta ausencia sirvieron para borrar su afecto, pero no para centrar su desquiciada afectividad.
De sus devaneos amorosos durante el matrimonio con María Tudor hay noticias de las relaciones de otro embajador veneciano, Michelli, por el que sabemos que la reina se consolaba pensando que, si bien Felipe no era casto, al menos no se dejaba enamorar por ninguna otra mujer. De Inglaterra pasó a Flandes, donde sus aventuras amososas continuaron. Badoero y Soranzo contaban a la sazón las siguientes noticias:

"Su Majestad ha estado de nuevo, enmascarado, en casa de madame d'Arler, que está reputada como muy hermosa, y de la cual parece que anda muy enamorado" (Badoero)

"Felipe tuvo por aquel tiempo relaciones con una joven de Bruselas, que le dio una hija". (Soranzo)

Los primeros años de su matrimonio con Isabel de Valois también están marcados por el mismo signo. Eufrasia de Guzmán y Magdalena Girón serían los nombres de algunos de los amores de Felipe. Desde 1564, parece que el rey ha logrado dominarse y guardar fidelidad a su esposa. De todas formas, todavía parece qeu el cambio no fue definitivo hasta su matrimonio con Ana de Austria. Su tercera viudez habría venido a frustrar, momentáneamente, sus buenos propósitos.

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