1 nov. 2015

FELIPE EL PRUDENTE (II)

Más adelante, la educación de Felipe recayó sobre dos interesantes personalidades de la corte carolina. Juan Martínez Silíceo, canónigo magistral de Coria, que había regentado una cátedra en la Sorbona y otra en Salamanca, fue su primer maestro, ayudado por los humanistas Honorato Juan y Juan Ginés de Sepúlveda. Martínez había nacido en El Guijo, pueblecito de Extremadura. Del nombre de su cuna procedía el apodo de "El Guijeño" con que se le conocía, término que él latinizó convirtiéndolo en el de Silíceo. Con éstos aprendió Felipe los conocimientos básicos de artes y letras, se aficionó a las matemáticas y la arquitectura, adquirió una vasta erudición y se capacitó para entender el latín, el francés y el castellano. Felipe, sin embargo, nunca sería un políglota; las únicas lenguas que habló de corrido fueron el castellano y el portugués, que era su lengua materna. Su timidez y su inseguridad en el manejo del francés le hicieron declinar en Granvela, como vimos, la tarea de dirigir la palabra a los que habóan presenciado en Bruselas la abdicación de Carlos V. A pesar de que el castellano se había convertido, a la sazón, en lengua internacional, el conocimiento de otros idiomas habría sido un valioso instrumento para hacerse entender y apreciar de aquellos súbditos suyos que hablaban en lenguas distintas.
Se ha discutido la calidad de la formación que impartió Silíceo a Felipe II. El mismo emperador sse quejaba de que había actuado con excesiva indulgencia. De todas formas, el docto eclesiástico recibió, como premio a sus servicios, las mejores prebendas eclesiásticas del reino, entre ellas el arzobispado de Toledo (1546) y el capelo cardenalicio (1555).
En 1539, el príncipe recibió como mayordomo a don Juan de Zúñiga y Avellaneda, comendador mayor de Castilla, de la orden de Santiago, a quien el emperador encargó de formar a elipe en aquellos aspectos que más podían contribuir a sacar al muchacho de su timidez de carácter.
Zúñiga le enseñóel manejo de las armas, las artes de la caza, la danza y las normas de cortesías propias deun caballero. Los cortesanos habían hecho llegar a oídos del emperador que no era buena cosa que el nño estuviese siempre rodeado de mujeres; éste fue el motivo de que Carlos ordenase que pusiesen al príncipe "casa propia". Con él se educaría otros niños, hijos de la nobleza, como Luis de Requesens, Ruy Gómez de Silva, Filiberto de Saboya, Maximiliano de Austria, Juan de Avellaneda... algunos de los cuales tendrían reservados importantes papeles en la historia futura como herederos de reinos o íntimos colaboradores del futuro Felipe II.
El 1º de Mayo de 1539 muere la emperatriz en toledo. Felipe, a punto de cumplir los doce años, queda huérfano. Su padre, el emperador, comprende que es necesario dar al heredero lo que falta a su formación política, y decide hacerlo personalmente. Desde entonces, Felipe asiste a los consejos de Estado. El emperador le explica diariamente los negocios que se tratan, y desentraña ante él los misterios del poder. en el otoo, Carlos parte hacia los Países Bajos, donde ha estallado una revuelta contra sus exigencias tributarias. En 1541, de vuelta ya a España, el emperador continúa dedicándose a la formación política de su hijo. Carlos, fuertemente golpeado por el desastre sufrido en Argel, se refugia en la vida de familia. Felipe, conforme pasan los días, se encariña más y más con su padre. En 1542, un ataque francés al Rosellón da la oportunidad a Carlos de iniciar a su hijo en la vida militar. La fácil victoria que con aquella ocasión alcanzó el duque de Alba fue para los españoles un presagio del glorioso reinado futuro de Felipe. Pero si la línea política de Felipe puede considerarse, en muchos aspectos, una continuación de la de su padre, por lo que a las actividades bélicas se refiere hay que constatar el contraste que ofrece el ardor militar de Carlos y la aversión de Felipe a interevenir personalmente en acciones de guerra.
En 1543, nuevos problemas llaman a Carlos fuera de España, como se vio en su lugar. Felipe quedaba como regente de España. Mas, como siempre, los apuros económicos con que el emperador tropezaba, influyeron también ahora en sus decisiones. En noviembre de aquel mismo año se celebró el matrimonio de Felipe con su prima María Manuela de Portugal, hija del rey Juan III y de doña Catalina, hermana del emperador. La dote de la novia sería para enjuagar el déficit imperial, como había ocurrido con la dote que la emperatriz Isabel había aportado a su matrimonio. Los novios no habían cumplido todavía los diecisiete años cuanto el matrimonio se consumó. María Manuela aún no se había desarrollado plenamente como mujer. El deseo de tener pronta descendencia hizo que se tratara de acelerar el ritmo normal de la naturaleza mediante recursos que debilitaron extraordinariamente a la joven princesa. Cuando por fin concibió, dio a luz un niño débil y enfermizo, el príncipe Carlos, de cuyas desgracias tendremos ocasión de hablar más adelante. La madre murió a los cuatro días del alumbramiento, el 9 de julio de 1545.

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