10 sept. 2015

PRIMERAS EXPERIENCIAS COLONIZADORAS (III)

La escasez de mano de obra obligó a traer indios de las demás islas que se iban descubriendo. La situación se agravó cuando las encomiendas se concedieron a personas que vivían en España, las cuales se valieron de capataces y administradores que, con el afán de enriquecerse, endurecieron más y más las penosas condiciones en que trabajaban los indios.
Las protestas por el trato que se daba a lo indígenas no tardaron en llegar a España. Se sabe de un tal Cristóbal Rodríguez que en 1504 presentó en la corte un proyecto para evitar el genocidio. Pero no e resolvió nada en firme. Cuando en 1509 cesó Ovando como gobernador y fue sustituido por Diego Colón, los funcionarios reales recibieron mayores atribuciones, para contrarrestar la autoridad del hijo de Colón. Al aumentar su poder, estos funcionarios aumentaron sus abusos; se apoderaron de las mejores encomiendas y entregaron otras a los funcionarios peninsulares que habrían podido impedirlo. Está comprobado que el cohecho, la arbitrariedad sistemática, la violación de la correspondencia privada, la ocultación de las órdenes del rey y la malversación de fondos públicos fueron prácticas habituales del clan de fncionarios de fonseca, y gentes de esta laya actuaron en Indias de acuerdo con ellos, mientras usufructuaban los cargos más jugosos e influyentes en el Nuevo Mundo. Con las naturales variantes locales, el mismo régimen se aplicó en las demás listas y en la gobernación de Tierra Firme.
Las quejas que llegaron a España movieron a Cisneros a enviar a La Española un grupo de misericordiosos dominicos. Desde los primeros viajes de Colón ya había en América religiosos, principalmente franciscanos. Pero estos tales no se habían mostrado sensibles ante el trato que se daba a los indígenas. Uno de estos dominicos, fray Alonso de Montesinos, predicó en 1510 un sermón ante el gobernador y los personajes más representativos de La Española. Entre ellos había un encomendero, llamado Bartolomé de las Casas, a quien impresionarían definitivamente las palabras del predicador:

"... todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios?".

Las Casas dejó su encomienda, se hizo sacerdote y se dedicó en adelante, con toda la vehemencia de su corazón a luchar en defensa de los indios. Pero aún tardó algunos años en entrar en liza. La reacción del resto de los oyentes fue bien diversa. Todos ellos, con las autoridades al frente, se presentaron a protestar ante el superior de los dominicos, prior del convento donde estaba Montesinos; mas éste les paró los pies diciendo que cuanto había predicado su fraile lo había dicho de acuerdo con él y con sus compañeros de comunidad, después de pensarlo detenidamente. Los fustigados comisionaron entonces al superior de los franciscanos para que diese cuenta de lo ocurrido ante la corte. Los dominicos enviaron al mismo Montesinos. El rey los oyó a ambos y nombró una comisión para que estudiase el caso. El resultado fueron las Leyes de Burgos de 1512, en las que Fernando el Católico disponía, entre otras medidas, las siguientes: que los indios eran libres; que debían ser evangelizados diligentemente; que el rey podía mandar que trabajasen, siempre que no fuese obstáculo para su evangelización ni para su salud, por lo que debían gozar del descanso diario y anual que fuese justo; los indios deberían tener casas y haciendas propias y oportunidad y medios para cultivarlas; se autorizaban, sin embargo, las encomiendaspero prohibiendo que las mujeres indias trabajasen en las minas y ordenando que ni las embarazadas ni los menores de catorce años trabajasen en ninguna otra tarea.
En realidad, aquellas ingenuas disposiciones no sirvieron más que para dar un carácter legal a la explotación de los indios. Su mayor importancia radica en que, a partir de aquel momento, se inicia una sonadísima polémica entre los intelectuales españoles, en la que se discutirá incluso el derecho de los españoles a dominar las Indias.

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