4 sept. 2015

LA EXPLORACIÓN DEL NUEVO MUNDO (III)

El primero que destacó fue Alonso de Ojeda, que en 1499 exploró el litoral septentrional de Sudamérica, acompañado por juan de la Cosa y Américo Vespucio. Descubrieron las bocas del Orinoco y costearon el golfo de Paria, donde encontraron poblados indígenas construídos sobre las aguas, con calles formadas por canales, que les trajeron a la memoria el recuerdo de Venecia. Así, dieron a aquel territorio el nombre de Venezuela con el que nosotros lo conocemos hoy. Alonso de Ojeda fue nombrado adelantado de aquella región, a la que se llamó Nueva Andalucía. Al año siguiente, Juan de la Cosa, que era un experto cartógrafo, hizo el primer mapa de América, en el que cuidó de plasmar los resultados de aquella expedición. También entre 1499 y 1501 Pedro Alonso Niño llevó a cabo otra exploración por aquellos mismos parajes, que se hizo famosa en España porque regresó de ella con 96 libras de perlas. Ojeda realizó una segunda expedición en 1502, y en 1508 fue nombrado gobernador de Castilla del Oro, provincia que debería extenderse por tierras de la actual Colombia. Al año siguiente, Ojeda llegó a Cartagena de Indias y se internó con un puñado de hombres -entre los cuales iba Juan de la Cosa- en territorio de los indios yurbacos. Los indígenas les atacaron con sus flechas envenenadas, y murieron casi todos los españoles, incluido Juan de la Cosa. Ojeda se salvó de milagro, y pudo ser recogido y puesto a salvo.
Dieco de Nicuesa fue enviado el mismo año con otra expedición a la provincia de Veragua, en el actual Panamá, donde Fernando el Católico esperaba que encontrasen en abundancia el oro de que habían hecho referencias Colón, Vespucio y Juan de la Cosa. La expedición fue un rotundo fracaso, consumado por la oposición que encontró por parte de algunos españoles de la expedición de Ojeda, quienes se habían establecido en el golfo de Darlén. Aquellos colonos, dirigidos por Vasco Núñez de Balboa, obligaro a Nicuesa a reembarcar hacia La Española en una carabela que se perdió con todos los tripulantes.
A finales de 1499 o pricipios de 1500, Vicente Yáñez Pinzón salió con otra expedición del puerto de Palos y tocó tierra en las costas de Brasil. No fueron ellos, sin embargo, los primeros europeos que llegaron a aquellas tierras. Un mes antes había visitado el lugar un portugués, Álvarez Cabral, no sabemos si casualmente o con la intención de competir con los españoles. El hecho es que Cabral habia tomado posesión de la isla de Veracruz en nombre del rey de Portugal. Pinzón bordeó el litoral y exploró las bocas del Amazonas. De allí pasó a la desembocadura del Orinoco y, pasando por las Antillas menores, regresó a Palos en septiembre de 1500, trayendo consigo topacios, maderas tintóreas y esclavos. Diego Lepe tocó tierra con otra expedición donde lo había hecho Yáñez Pinzón, pero luego derivó hacia el sur y regresó.
El descubrimiento de América suscitó el interés de otros países europeos por las tierras que colón había encontrado. Entre los que se preocuparon por enviar expediciones a Occidente destacaron los portuqueses y los ingleses. Portugal ya había uesto su pie en el Brasil, como dijimos a propósito del viaje de Cabral. Además de éste, el rey don Manuel el Afortunado patrocinó los viajes que entre 1500 y 1503 realizaron los hermanos Gaspar y Miguel de Corte Real. Estos atrevidos marineros bordearon las costas de Norteamérica, llegando hasta el actual estrecho de Davis y explorando las tierras de Terranova y Groenlandia. Enrique VIII de Inglaterra, por su parte, concedió patente de navegación en 1496 a un marino veneciano, llamado Juan Cabot, para que en unión de sus hijos fuese a descubrir tierras de paganos. A pesar de las protesta del embajador español en Inglaterra, la expedición se llevó a cabo, tocando tierra probablemente en la península del Labrador. Juan Cabot murió, al parecer, durante el viaje. Su hijo, Sebastián Cabot, se encargó de volver a puerto. Los armadores ingleses, considerando que aquella ruta carecía de interés comercial, no volvieron a repetirla. Sebastián entró entonces al servicio de España en 1512. Después de realizar algunas expediciones a Oriente, se dirigió al Brasil y luego al Río de la Plata, de donde regresó en 1530. Sus relatos sobre un Imperio extremadamente rico (probablemente el de los Incas) despertó el interés de españoles y portugueses, que no tardaron en armar escuadras destinadas a conquistas la región del Plata.

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