22 sept. 2015

LA CONQUISTA DEL PERÚ

Los exploradores que habían recorrido las costas de América, desde Panamá hasta el Río de la Plata, habían oído hablar a los indígenas de la existencia de un poderoso Imperio, situado en las regiones montañosas del interior. Decían que en las cordilleras había un rey blanco, que reinaba sobre ciudades de piedra y vivía junto a un lago donde dormía el sol. Vasco Núñez de Balboa, el descubridor del mar del Sur, también había recogido rumores semejantes. En 1522, otros descubridores tuvieron noticias de que aquel misterioso reino se encontraba en unos territorios atravesados por el río Birú. Pronto se despertó el interés por ir a descubrir aquellos países, a los que dieron el nombre de Perú. Entre los que más se interesaron por aquella empresa estaba un funcionario de Darién, llamado Gaspar de Espinosa, el cual, al no poder intervenir directamente en aquel negocio por prohibírselo al ley, se valió de un intermediario, el clérigo Hernando de Luque, para que, como socio capitalista, buscase colaboradores dispuestos a acometer la exploración del Perú. Pronto se presentaron dos hombres decididos a realizar el proyecto, Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Entre los tres formaron una compañía a la que Luque aportó 20.000 pesos de oro y sus socios, sus personas y su industria. Pedrarias Dávila, gobernador de Castilla del Oro (Darién), autorizó la expedición. Era el año 1526.
Francisco Pizarro (1475-1541) era natural de Trujillo (Cáceres). Nacido en una familia ilustre, entre sus miembros habían destacado su abuelo, que había sido regidor de Trujillo, y su padre, Gonzalo Pizarro, que se había distinguido como capitán en las guerras de Granada y en las de Navarra, a las órdenes de los Reyes Católicos. Pizarro se crió en el campo, donde no tuvo ocasión de adquirir una cultura ni siquiera parecida a la de Hernán Cortés. Es falso que hubiera sido abandonado por sus padres a la puerta de una iglesia, como también lo es una fábula que aludía a que había sido porquerizo en su infancia. Desde muy joven, Pizarro sentó plaza de soldado y partiipó en las guerras de Italia a las órdenes del Gran Capitán, entre 1498 y 1501. En 1502, Pizarro se enroló en la expedición que por aquel entonces realió Nicolás de Ovando, quien, al parecer, tambiérn era pariente suyo. En 1509 acompañó a Ojeda en su expedición a Castilla del Oro, y luego, en 1513, en la travesía del istmo de Panamá.
Estuvo con Balboa en el descubrimiento del mar del Sur y, por orden de Pedrarías, fue el encargado de ejecutar la desagradable orden de apresar a Vasco Núñez de Balboa. Almagro, extremeño también e íntimo amigo de Pizarro, era un valeroso soldado que gozaba de extraordinaria popularidad entre sus tropas. Como iremos viendo, aquella antigua amistad se fue convirtiendo en un antagonismo cada vez más violento, que determinó la muerte cruenta de los dos camaradas de armas.

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