12 sept. 2015

LA CONQUISTA DE MÉXICO (I)

Desde hacía algún tiempo llegaban sugestivas noticias de tierra Firme. En 1517, una expedición habia explorado la costa del Yucatán. Las noticias sobre un país fértil y habitado por pueblos florecientes animó a Velázquez a enviar una nueva expedición al mano de Juan de Grijalva, que salió de Santiago de Cuba en enero de 1518. En los seis meses que duró el periplo, los exploradores costearon parte del Yucatán y el golfo de México. En algunos lugares fueron bien recibidos por los indios, e incluso obtuvieron de ellos valiosos regalos, como una corona de oro de láminas delgadas. En otros lugares no pudieron desembarcar por impedírselo numerosos guerreros indios bien armados y defendidos por brillantes rodelas. El rey de aquel país, al tener noticia de la presencia de los españoles, había enviado emisarios para averiguar sus intenciones.
Animado por estas noticias, Velázquez organizó una nueva expedición. Su intención aparente era la de rescatar oro y conocer dónde estaban los yacimientos. Pero, en realidad, lo que pretendía era conquistar el país y poblarlo. En consecuencia, eligió capitán general de la armada que había preparado a Hernán Cortés, y éste se encargó inmediatamente de reclutar voluntarios.
Hernán Cortés (1485-1547) era un hidalgo nacido en Medellín (Badajoz). Había frecuentado las aulas de la universidad de Salamanca, pero había tenido que interrumpir sus estudios antes de los diecinueve años marchando en seguida a América (1504). Vivió en La Española como encomendero y escribano; acompañó a Diego Velázquez en la conquista de Cuba, y allí ganó por sus méritos el cargo de secretario del gobernador. A pesar de ciertas desavenencias momentáneas entre Cortés y Velázquez, éste le encomendó la dirección de la mencionada expedición, que salió de Cuba en febrero de 1519. La formaban 11 naves, en las que iban 518 soldados, medio centenar de ballesteros y escopeteros, 11 jinetes, 32 caballos, 10 cañones de bronce y 4 falconetes.
Siguiendo la ruta que anteriormente había recorrido Grijalva, los expedicionarios llegaron a Tabasco. A pesar de que Cortés advirtió a los indios, por medio de su intérprete Jerónimo de Aguilar (quien conocía la lengua del país por haber vivido algunos años entre los indígenas) que no ofreciesen batalla, éste comenzó y se resolvió favorablemente para los españoles gracias a su caballería. Los indios, que nunca habían visto caballos, huyeron aterrorizados ante aquellos seres, mirad hombres, mitad bestias, que les atacaban. Sometidos los tabasqueños, los españoles prosiguieron su avance hasta San Juan de Ulúa, donde se presentaron ante Cortés los emisrios que enviaba el señor del país, llamado Montecuzoma (Moctezuma, que dirían los españoles). Los enviados traían consigo valiosos regalos para Cortés, a los que éste correspondió con generosidad. Poco después volvieron de nuevo los emisarios, trayendo a los españoles un verdadero tesoro de pepitas de oro y objetos labrados igualmente en oro, junto con otros muchos regalos en ropas de algodón, labores en pluma y mosaico. Los españoles quedaron maravillados; Cortés solicitó entrevistarse directamente con aquel poderoso señor, pero los embajadores, que no cesaban de ir y venir, nunca daban respuesta a su petición. Cortés comenzaba a cansarse. El lugar en el que estaban no les permitía quedarse indefinidamente. En estas circunstancias, llegaron ante Cortés unos emisarios enviados por los habitantes de Cempoala, solicitando su ayuda para luchar contra sus enemigos de Culúa, que eran vasallos de Moctecuzoma. Cortés comprendió cuál podría ser la forma de conquistar el país: formar una alianza de las tribus enemigas de Moztecuzoma y derribarlo con su ayuda.

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