14 jul. 2015

EL SAQUEO DE ROMA (II)

"En 1527 -escribe Gregorovius-, los descendientes de aquellos romanos que en un tiempo habían rechazado desde sus murallas a los poderosos emperadores, no conservaban ya nada del amor por la libertad y de las viriles virtudes de sus progenitores. Aquellas cuadrillas de siervos del clero, de delatores, de escribas y fariseos, la plebe nutrida en el ocio, la burguesía refinada y corrompida, privada de vida política y de dignidad, la nobleza inerte y los millares de sacerdotes viciosos eran semejantes al pueblo romano de los tiempos en que Alarico había acampado ante Roma".A primeros de mayo, el ejército imperial acampa frente a los muros cercanos al barrio del Vaticano, la llamada Ciudad Leonina, donde se hallaban los palacios pontificios, la fortaleza de Sant'Angelo (unida al Vaticano por un pasadizo amurallado) y la basílica de San Pedro.
El 6 de mayo, durante la noche, cayó una espesa nuebla sobre la ciudad. Apenas clareó, comenzó el ataque a la misma. La niebla impedía ver a los asaltantes. La artillería disparaba al azar desde Sant'Angelo. Los imperiales adosaron sus escalas a los muros entre el estruendo de la arcabucería. Tiempo adelante, el famoso escultor y aventurero florentino Benveuto Cellini, que por aquellos días se encontraba en Roma y participó en la defensa de la ciudad, contaría en sus memorias un incidente ocurrido en el sector donde luchaba él:
"Vuelto mi arcabuz donde yo veía un grupo de batalla más nutrido y cerrado, puse en medio de la mira precisamente a uno que yo veía levantado por entre los otros; la niebla no me dejaba comprobar si iba a caballo o a pie. Me volví inmediatamente a Lessandro y a Cecchino, les dije que disparasen sus arcabuces... Hecho esto por dos veces cada uno, yo me asomé a las murallas prestamente, y vi entre ellos un tumulto extraordinario. Fue que uno de aquellos golpes mató a Borbón; y fue aquel primero que yo veía elevado por los otros, según lo que después comprendí".
En efecto, el condestable Borbón, mortalmente herido, había caído de una escalera. La noticia se difundió rápidamente tanto entre los asaltantes como entre los defensores. Éstos, creyendo que habían conseguido ya la victoria, descuidaron de momento la defensa. Aquéllos, enfurecidos por la muerte de su general y descontrolados al faltarles su jefe, se lanzaroncon mayor brío aún al asalto de Roma. Los alféreces españoles, con sus banderas a cuestas, fueron los primeros en saltar el muro, al grito de "España Imperio"
El Papa, que estaba orando en San Pedro, escapó de la basílica en el momento justo en que los imperiales hundían las puertas a hachazos y mataban a los guardias suizos que lo defendían. Por el pasadizo anteriormente mencionado, Clemente VII se refugió en Sant'Angelo, junto a algunos cardenales y obispos que estaban con él. Renzo di Ceri también se refugió allá, con 500 guardias suizos. En adelante, la guardia suiza conmemoraría hasta nuestros días su defensa del Vaticano, celebrando cada 6 de mayo la jura de bandera de los nuevos miembros de la guardia.
El mediodía trajo un descenso de los asaltantes. El príncipe de Orange, que se había hecho cargo, entretanto, del mando supremo del ejército, dio la orden de continuar el asalto apenas terminaron de comer. Los puentes del Tíber fueron atravesados y continuó la lucha enel resto de la ciudad.
"E tras esto, sin hacer diferencia de los sagrado ni profano, fue toda la ciudad robada e saqueada, sin quedar casa ni templo alguno que no fuese robado, ni hombre de ningún estado ni orden que no fuese preso y rescatado. Duró esta obra seis o siete días, sin el primero, en que fueron hechas mayores fuerzas e insultos de lo que yo podía escrevir. Y desta manera fue tomada e tratada la ciudad de Roma, permitiéndolo Dios por sus secretos juicios; verdaderamente, sin lo querer ni mandaar el Emperador, ni pasarle por el pensamiento que tal pudiera subceder. Y éste fue el fruto que sacó el papa Clemente, por la pertinencia e dureza que tuvo en ser su enemigo" P. Mexía

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