6 jul. 2015

CUANDO CARLOS I SE QUEDÓ A SOLAS CONSIGO MISMO... (III)

Pero no se ha de ver en este despliegue de Carlos hacia España un abandono de sus ideales universalistas. Es una medida estratégica. No trata ni mucho menos de aislarse, sino de prepararse para intervenir con mayor fuerza en lo que él considera su principal campo de batalla. En los años que van desde 1522 a 1531, Carlos trata de llegar a un acuerdo pacífico con los protestantes; trata de convencer al Papa para que secunde sus planes con la convocatoria de un concilio general. Pero al mismo tiempo trata de reforzar le política mediterránea de su abuelo Fernando. Quiere una España fuerte en el Mediterráneo occidental y busca una victoria decisiva sobre el poder turco, todo ello con una intención: la de ganar un prestigio como paladín de la cristiandad frente a los peores enemigos de la paz cristiana: Francia y los infieles. Apenas se siente seguro, se hace coronar emperador por el Papa, y con este espaldarazo, en realidad ambiguo, Carlos marcha a Alemania, decidido a acabar por la fuerza con el problema protestante. Entre 1531 y 1539, Carlos logra sentar las bases de su ulterior intervención en Europa. Una vez dispuestas, comienza la tercera de las etapas que se pueden discernir en su pensamiento.
En 1539, Carlos sale de España. En las instrucciones que deja a su hijo Felipe se muestra trabajado por una profunda crisis. Parece llegado el momento de imponer por la fuerza lo que no ha podido conseguir hasta ahora por otros caminos. Frente a él tiene a los protestantes, unidos en la Liga Esmalcalda. Carlos está dispuesto a luchar contra ellos. En efecto, los derrota en Mühlberg y les hace acudir al concilio que por fin ha conseguido que sea convocado por el Papa. Al parecer, Carlos ha alcanzado su meta. El Imperio cristiano parece consolidado. Carlos piensa legarlo íntegramente a su hijo Felipe. El Imperio restaurado tendrá en adelante su base en España.
Pero súbitamente todo se hunde. El concilio se suspende. Los protestantes sorprenden a Carlos desprevenido y están a punto de acabar con él. Francia se alía con los protestantes. El emperador da entonces su último paso, renunciando a sus anteriores ideales; 1548 es el año que marca el último grado de su evolución. En adelante habrá dos Imperios: uno alemán, el cual quedará en manos de su hermano Fernando, y otro español, que legará a su hijo Felipe II y que englobará los dominios hispánicos, los flamencos y los italianos. El Imperio de Fernando y el de Felipe quedarán unidos por los lazos de solidaridad dinástica, pero a cada uno de ellos corresponderán diferentes tareas. El de Fernando se enfrentará al turco y a los problemas creados por la escisión protestante. El de Felipe mantendrá el cerco a Francia, sellado por múltiples alianzas con Inglaterra; vigilará a los turcos en el Mediterráneo y permanecerá abierto al mundo americano. Carlos considera llegado entonces el momento de retirarse. Es el año 1556.

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