19 jul. 2015

CARLOS V, TRAS LA CORONACIÓN: ENFRENTANDO PROBLEMAS

Y tras la procesión llegó el banquete. Aquellas ceremonias se habían visto por última vez cuando, en 1452, el papa Nicolás V coronó al emperador Federico, bisabuelo de Carlos, en Roma. Después de esta coronación en Bolonia, nunca más llegarían a celebrarse otras.
Como protector de la Iglesia, Carlos se comprometía a someter a los enemigos de Clemente VII a restaurar sus estados. Para ello tuvo que enviar sus tropas contra Florencia, que se entregó a los imperiales y tuvo que recibir como duque a Alejandro de Médicis, pariente del Papa. Para lograr la perfecta pacificación de Italia era necesario llegar a un acuerdo con Venecia, que retenía algunas ciudades reclamadas por Clemente VII. Las diferencias se resolvieron satisfactoriamente, y así se pudo firmar una liga defensiva italiana, a la que se adhirieron prácticamente todos los estados italianos.
Dos caminos se abrían ante Carlos: el del sur, que podía llevarle a dar la batalla a los corsarios berberiscos, quienes tenían atemorizada a la población del levante español. Las noticias más alarmantes llegaban continuamente de la corte española. La alianza de Francisco I con los turcoshacía especialmente necesaria una acción encaminada a asegurar el dominio imperial en el Mediterráneo occidental. El otro camino era el del norte, donde, por una parte, era necesario atender al problema protestante, y, por otra, tomar medidas contra el amenazador avance de los turcos por la cuenca del Danubio. Carlos, descuidando el frente sur, decidió dirigirse hacia el norte. El 22 de marzo de 1530 se puso en camino hacia el Imperio.
Al llegar a Innsbruck (Austria) muere su canciller Mercurino Gattinara. El arzobispo de Toledo, Alonso de Fonseca, trató de ocupar la importante vacante, pero Carlos no la cubrió. En adelante él sería su propio canciller, ayudado por dos personajes que se convertirían en sus más eficaces colaboradores: Francisco de Cobos y Nicolás Perrenot de Granvela, de los que volveremos a hablar al tratar el tema dde la organización del gobierno imperial.
En Innsbruck tuvo lugar el encuentro de Carlos con su hermano Fernando, a quien había dejado sus posesiones austriacas y encomenddo los asuntos alemanes mientras duraban sus ausencias, y con su hermana María, que había sido reina de Hungría y perdido a su esposo, muerto a manos de los turcos en la batalla de Mohacs (1526).
Media Hungría había caído en manos de los invasores. María, sin esposo y sin trono, había logrado que su hermano Fernando fuese elegido rey de Hungría y de Bohemia. Ella pensaba retirarse de las tareas de gobierno, pero no lo consiguió. Poco después murió la gobernadora de Flandes, Margarita. Carlos encomendó a su hermana María el gobierno de los Países Bajos.
Todo lo que quedaba de año lo pasó Carlos en el Imperio, tratando de encauzar el problema luterano, como veremos también más adelante. El año 1531 lo pasó, en su mayor parte, en los Países Bajos. Reorganizados sus estados de España e Italia, le tocaba el turno a aquéllos. Carlos estableció allá tres consejos que deberían funcionar de manera similar a como lo hacían los consejos de Castilla. La legislación del país fue también unificada y se tomaron medidas para luchar contra la herejía protestante, que estaba haciendo grandes progresos en la zona. La misma María había mostrado su simpatía por aquel movimiento de reforma religiosa, hasta el punto de que el mismo Lutero, tratando de ganarla para su causa, le había dedicado una traducción de cuatro salmos, hecha por él mismo. María conocía algunas obras de Lutero. Su opinión, sin embargo, contrastó con la de Carlos, que si bien mantuvo con su hermana unas relaciones cordialísimas, le impuso taxativamente la necesidad de oponerse radicalmente a la herejía en los países de los que la había nombrado gobernadora.

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