20 jul. 2015

CARLOS V CASTELLANIZANDO EL IMPERIO

El gobierno de los Países Bajos, como ocurría con el de Nápoles, se castellanizaba. Si bien los hombres que ocupaban las tareas de responsabilidad eran, en general, naturales de aquellos reinos, la estructura instaurada por Carlos era típicamente castellana. El proceso de absolutización de la monarquía proseguía su marcha, con la inevitable y necesaria reacción antiespañola que cabía temer.
En 1532, la amenaza turca a la frontera oriental del Imperio llegó a su momento de mayor peligro. Apenas vuelve Carlos a Alemania, recibe la noticia de que el sultán turco Solimán prepara una ofensiva contra Viena. Era el momento de realizar el esfuerzo supremo. Carlos moviliza todas las fuerzas imperiales. En la Dieta de Ratisbona consigue incluso que los protestantes ofrezcan su apoyo para combatir al turco. Las tropas españolas acantonadas en Italia y otras nuevas, reclutadas entre los italianos, se ponen en marcha hacia Austria. La nobleza castellana se puso también en pie de guerra. El dinero necesario se obtuvo acudiendo incluso a préstamos de particulares. Roma concedió una bula para que la mitad de las rentas de la Iglesia española fuesen cedidas. Este recurso falló. La emperatriz halló tantos obstáculos por parte del clero a su recaudación, que tuvo que renunciar a ella. De todos modos se logró detener al turco, que, hostigado simultáneamente por la escuadra imperial, dirigida por Andrea Doria, el cual ocupó algunas plazas griegas, se retiró de Viena con unas pérdidas que se calcularon en más de 40.000 hombres. El Imperio, de momento, estaba salvado. Carlos, sin embargo, no supo aprovechar aquella espléndida oportunidad para perseguir a los turcos y arrojarlos de Europa. Por razones no bien conocidas, decidió licenciar los ejércitos y anunció su regreso a España.
De paso por Italia, vuelve a entrevistarse con Clemente VII. El 24 de febrero, nuevo cumpleaños de Carlos, firmaron ambos un tratado secreto por el que se comprometían a promover un concilio general, a preparar una ofensiva contra el turco y a mantener la liga italiana.
En la primavera, Carlos ya estaba en España. Había tenido noticias de que su esposa Isabel se encontraba enferma. Por otra parte, el clamor de los pueblos peninsulares por la vuelta de su rey era unánime. El peligro berberisco presionaba insoportablemente. Era necesario intervenir en África.

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