8 jun. 2015

LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE

Aun sin detenernos en detallar los méritos de otros insignes humanistas, citaremos, al menos, los nombres de Hernán Núñez de Toledo, comendador de la orden de Santiago, a quien sus contemporáneos llamaron "el Comendador Griego" por su amplia cultura helenística, si bien sus conocimientos del latín y el árabe no quedaban a la zaga; Alonso de Palencia, Juan y Francisco de Vergara, Diego López de Cortegana, Lucía de Medrano...
Dignos de mención son también otros personajes que, habiendo nacido en otros países, trabajaron y, en ocasiones, casi se naturalizaron en España, como Demetrio Ducas y Pietro Mártire.
Los mismos reyes habían mostrado smo interés por las nuevas corrientes culturales, recibiendo ellos mismos las enseñanzas de excelentes maestros. Lucas Pollastre, Francisco Vidal de Noya, Lucio Marineo Sículo y varios miembros de la familia italiana de los Gualdini pertenecieron al círculo en que se desenvolvió la infancia y juventud de Fernando el Católico. Isabel aprendió latín de Beatriz Galindo, llamada "la Latina". También sus hijos fueron educados en el humanismo. Pero no creamos que el interés por el estudio quedó limitado a los estrechos círculos de la aristocracia.
Simultáneamente se registra un súbito interés por los estudios en la clase media. Tanto la pequeña nobleza de corte militar como la alta burguesía ciudadana pugnan por enviar a sus hijos a las universidades. El criterio real, que prefería en sus colaboradores el ingenio a la alta alcurnia, estimuló a este sector de la sociedad a dar a sus hijos títulos y estudios. Al mismo tiempo, la reforma llevada a cabo tanto en el clero secular como en las órdenes religiosas exigió la erección de centros de estudio, donde los candidatos al sacerdocio pudieran recibir una formación acorde con las exigencias de dicha reforma. Se registra, en consecuencia, durante esta época un desarrollo cultural sin precedentes, que tiene su exponente máximo en la fundación de la Universidad de Alcalá y en la publicación de la Biblia Políglota Complutense, obras ambas de Cisneros.
Recordemos que Cisneros recorría los conventos de frailes implantando en ellos la observancia de las reglas y la necesidad de que los novicios recibieran la formación necesaria. Se recordará también cómo Cisneros resolvió esta dificultad creando un colegio franciscano que sería el núcleo inicial de la futura universidad Complutense. El objetivo principal de Cisneros consistía en dotar al país de buenos teólogos e instruidos pastoralistas, por lo que concibió su universidad como centro de estudios teológicos, de modo que todas las demás disciplinas que en ella se impartieran estuviesen al servicio de una mejor formación teológica. No escatimó medios para conseguirlo. Antes de que llegasen a España las bulas papales que le autorizaban a crearla (13 de abril de 1499), Cisneros ya había puesto la primera piedra del edificio el año anterior. La ciudad elegida para la sede fue Alcalá de Henares, la antigua Complutum. Para conseguirlo, Cisneros tuvo que luchar contra la oposición de otras universidades más antiguas, como la de Salamanca, celosas de la competencia que les haría la nueva fundación. Por otra parte, no bastaba con edificar la universidad. Toda la fisonomía urbana de Alcalá tuvo que ser transformada para adecuarla al nuevo fin que se destinaba. Fue necesario desecar terrenos pantanosos e insalubres, levantar barrios enteros con viviendas para comerciantes y artesanos, residencias para profesores y alumnos, campos de deportes, bibliotecas, hospitales y todos los demás servicios que exigía la previsible concentración de estudiantes. Al mismo tiempo, cuidó Cisneros de redactar unas Constituciones adecuadas a los nuevos tiempos y de seleccionar un cuadro de profesores de probada competencia.
Ante todo se mostró Cisneros sumamente celoso de la independencia de su universidad. No sólo no admitió injerencias de otras universidades, sino que procuró que las enseñanzas impartidas en Alcalá no estuviesen vinculadas a ninguna tendencia de modo exclusivo. En consecuencia, creó tres cátedras distintas de teologia, en cada una de las cuales se enseñaría la ciencia sagrada según una corriente distinta, a saber, el tomismo, el escotismo y el nominalismo, tendencia esta última que, aparte de constituir la moda intelectual de aquellos años, se presentaba como la línea de pensamiento abierto, independiente y crítico. La medicina tampoco se reducía a una sola escuela. Avicena, Hipócrates y Galeno serían igualmente explicados en las cátedras alcalaínas. Al derecho civil poca importancia se le concedió, ya que Cisneros consideraba innecesario aumentar el número de cátedras de derechos cuando bastaban las ya existentes en Salamanca y Valladolid.
Un criterio igulmente abierto se empleó en la selección de los profesores que habían de regentar las diversas cátedras. Cisneros llegó a invitar al mismo Erasmo, que por entonces era la máxima lumbrera del humanismo cristiano centroeuropeo; pero el sabio flamenco no aceptó su oferta, temiendo venir a un país que imaginaba, como lo haría el más empedernido romántico, lleno de moros y bandidos. Ello no obstante, Cisneros consiguio reunir a personas de tanto lustre como el retórico Hernando Alonso de Herrera, Nebrija, fray Tomás García (futuro Santo Tomás de Villanueva), Bartolomé Carranza (futuro arzobispo de Toledo, víctima más tarde de la Inquisición), Pedro Ciruelo (que hasta entonces había enseñado teología tomista en París); Gonzalo Gil...
Lo que constituyó una auténtica novedad en Alcalá fue el interés que se dedicó al estudio directo de la Biblia. Del cuadro de profesores de lenguas bíblicas de Alcalá saldrían los principales colaboradores de la Biblia Políglota. Destacaron además el ya mencionado Demetrio Ducas, que, aparte de descollar como profesor de griego, se hizo famoso por sus ediciones de textos de la literatura griega.
Deseando Cisneros que los estudiantes pobres tuvieran acceso preferente a la universidad de Alcalá, proyectó la creación de dieciocho colegios, cuyo número luego se redujo a la mitad. El principal de todos ellos fue el Colegio Mayor de San Ildefonso, donde cada año se elegía un rector, que sería también el de la universidad, a quien corespondía la jurisdicción sobre todos los colegios universitarios, tanto en lo civil como en lo criminal.
Alcalá sería, en la historia de la cultura de España, un importante hito. De sus aulas salieron muchos de los hombres que posteriormente intervendrían en la reforma de la Iglesia universal. El juvenil impulso que esta nueva institución dio a los estudios teológicos provocaría la renovación de las antiguas universidades tradicionales del aís, en las que se llevaría a cabo, por obra de Vitoria Cano y otras figuras de primera magnitud, la reforma de los estudios teológicos que llevaron a los maestros españoles a todas las universidades de Europa.
La universidad de Alcala, así pues, es un exponente del humanismo, pero de un humanismo sui géneris, reciamente entroncado con la tradición cristiana, que dio como resultado un tipo de intelectual abierto a cuanto de positivo tenían las nuevas corrientes y atento, al mismo tiempo, a los probados valores de la tradición auténtica. La Biblia Políglota, editada en 1517, se convirtió en un excelente instrumento de trabajo, en el que se incluían los textos bíblicos en su lengua original (griego o hebreo), unidos a su traducción latina y al texto siriaco. Expertos conversos de origen judío se entregaron a estudiar los textos caldeos y hebreos para entroncar un texto mucho más puro. Juan de Vergara se hizo cargo, junto con otros expertos, de la traducción del texto griego al latín. La primera tirada llegó a algo más de 600 volúmenes y costó 50.000 ducados de oro. La Biblia Complutense, sin embargo, apenas pudo servir al fin que había previsto su promotor. Aquel mismo año murió Cisneros, y la distribución de la obra se vio entorpecida por causa del embargo de la herencia del cardenal, y luego por el retraso con que llegó la aprobación papal. La venta de la obra no comenzó hasta 1522, fecha en la que Erasmo ya había publicado su edición del Nuevo Testamento a precios más asequibles. Para mayor desgracia, muchos de sus ejemplares se perdieron en un naufragio mientras eran llevados a Italia. El material tipográfico empleado se perdió y hasta los días de Felipe II no se volvió a imprimir, bajo la dirección de Arias Montano. Vio la luz esta reedición en Amberes, por loq eu generalmente se la conoce como Biblia de Amberes. Cabe el consuelo de que, bajo la protección y estímulo de Cisneros otros muchos libros vieron la luz y sembraron en el país las semillas de la espiritualidad que, años adelante, darían la más fecunda cosecha de obras ascéticas y místicas.

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