9 abr. 2015

CRISTOBAL COLÓN (II)

El 4 de septiembre de 1479 se firmó el tratadode paz que ponía fin a la guerra entre portugueses y castellanos, adonde había llevado el pleito sucesorio entre Isabel y su sobrina Juana. En la villa portuguesa de Alcaçovas se habían celebrado las conversaciones que ahora cristalizaban en un tratado de paz. Allí se había discutido el problema de la sucesión castellana, pero también se había tratado ampliamente la cuestión de las respectivas zonas de influencia política y expansión de cada uno de los estados litigantes. La Corona de Castilla renunciaba a cualquier derecho sobre Guinea, Mina de Oro, isla de Madeira, Cabo Verde, las Azores y las que en adelante pudieran descubrirse entre Guinea y las islas Canarias. Este archipiélago se adjudicaba a Castilla que, por su parte, renunciaba a intervenir en los asuntos internos del reino de Fez, el cual quedaba bajo influencia exclusivamente portuguesa.
En el mes de agosto de 1476, una flotilla genovesa, que acababa de atravesar el estrecho de Gibraltar, fue interceptada a la altura del cabo de San Vicente por un grupo de navíos portugueses dirigidos por el corsarió gascón Coulomb el Viejo, que servía por entonces al rey Alfonso V de Portugal. Antes de que pudieran entrar en combate, el polvorín de una de las galeras portuguesas estalló accidentalmente y el fuego se propagó rápidamente a los barcos de las dos flotas y las gentes que las ocupaban tuvieron que abandonarlas a toda prisa. Entre los náufragos iba un tal Cristóbal Colón.
Desde Lagos (Portugal), donde lo dejaron los que lo recogieron, Colón marchó a Lisboa, donde permaneció al servicio del rey de Portugal y contrajo matrimonio, posiblemente en 1480, con Felipa Moniz, hija de Bartolomé Perestrello, que había muerto poco antes siendo gobernador de la isla de Porto Santo, en el grupo de las Madeira. Parece que había obtenido semejante cargo por influencias del arzobispo de Lisboa, don Pedro de Noronha, que tenía por amantes a dos hermanas de Bartolomé.
Como la encomienda de Porto Santo la había obtenido Perestrello para sí y sus descendientes, Colón y su mujer marcharon a la isla poco después de su boda. Allí, la viuda de Perestrello le entregó los diarios, cartas y archivos de su difunto suegro, y allí nació su hijo primogénito, al que pusieron de nombre Diego. En el ambiente de los marinos portugueses, Colón amplió sus conocimientos náuticos, que no eran, desde luego, exiguos. Según los datos de que disponemos, Colón era tenido por extranjero tanto por lor portugueses como, más adelante, por los españoles que le conocieron. Se le creía ligur o genovés, y esta creencia se mantuvo indiscutida hasta que, en el siglo XI comenaron a aparecer teorías que ponían en duda su origen italiano.
Como había ocurrido desde muy antiguo con tantos otros hombres famosos de cuna desconocida, multitud de ciudades o regiones se disputaron la gloria de tenerle por hijo, si bien es verdad que los patrioterismos provincianos se tuvieron más en cuenta que la objetividad de los argumentos con que cada uno intentaba fundamentar sus respectivos alegatos. Pasaremos por alto las distintas teorías sobre su procedencia y nos quedaremos con la más fehaciente que sitúa en Génova el lugar de nacimiento de Critstobal Colón. Él mismo alegó haber nacido genovés cuando, al instituir su mayorazgo, manifestó su deseo de que alguna persona de su linaje tuviese siempre casa y mujer en Génova, donde él había nacido. Su apellido originario era Colombo, que él castellanizó cambiándolo por Colón. Su abuelo, Giovanni colombo, había sido tejedor en Quinto, pueblecito cercano a Génova. Uno de sus tres hijos, Doménico, se trasladó a Génova en 1429 para aprender el oficio de tejedor. En 1445 se casó con Sussana de Fontanarossa, hija de un maestro tejedor, que la dotó tan generosamente que, a partir de entonces, Doménico Colombo se atrevió a amplliar su negocio con el de la venta de quesos. Tuvieron cuatro hijos, Cristóforo, Giovanni, Bartolomé y Diego, y una hija, Bianchinetta, a la que casó con el quesero Giacomo Baravello.
Los intereses del suegro y el yerno chocaron y no tardaron en meterse en engorrosos pleitos, de los que Doménico, cuyo negocio marchaba malamente, salió malparado. En varias ocasiones tuvo que sufrir prisión por deudas, y en algunas de ellas fue su hijo Cristóforo quien le sacó del apuro. Éste nace, al parecer, en 1451. A los 14 años, como tantos otros muchachos genoveses, se embarca por primera vez, pero pronto tuvo que regresar a la casa paterna, donde su progenitor, después de fracasar en el negocio de la venta de vinos, se había metido en otro ruinoso negocio de lanas.
El silencio que Colón guardó sobre sus antecedentes familiares posiblemente se debiera al miedo de perjudicar el porvenir de sus hijos, Diego y Fernando, más bien que a su pretendida ascendencia judía. Cabe pensar en el judaísmo étnico de Colón, si no por parte de su padre, sí por el de su madre, ya que tanto el nombre de ésta (Susana) y el de su abuelo materno (Jacob) como el apellido materno (Fontanarossa, alusivo según costumbre judía, a una localidad) puedden relacionarse con usos hebreos. Sin embargo, desde el punto de vista religioso, Colón siempre se mostró como un cristiano ferviente, exacto cumplidor de los deberes religiosos, frecuentador de los sacramentos y devoto de la Virgen y de San Francisco.

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