14 mar. 2015

¡Y POR FIN LOS REYES CATÓLICOS!

La obra de los Reyes Católicos, tomada tradicionalmente como el fruto de un glorioso reinado, que contrasta vivamente con la anarquía imperante en los años anteriores, viene a ser la culminación de un proceso iniciado bajo sus antecesores. En la unión personal entre los dos grandes estados ibéricos, destaca forzosamente que Castilla había de constituirse en el centro político de España, dado su mayor peso demográfico y su creciente vitalidad, frente a un Aragón en declive. De heco, de algo tan aparentemente accidental como el matrimono de Isabel dependía el que fuese la Corona de Aragón o el reino lusitano quien hubiese de ensamblarse al Estado castellano-leonés. El triunfo de las maniobras diplomáticas de Juan II de Aragón y el reavivamiento de los rescoldos del aragonesismo en Castilla habrían de ser decisivos en este momento.
En el caso concreto de Castilla, el triunfo del autoritarismo monárquico reviste unos matices particulares en su proceso, que le hacen diferente al de otros países. En Francia, por ejemplo, la autoridad real se impuso a la oligarquía nobiliaria mediante una alianza con el estado llano. En Castilla, si bien esta alianza también se dio (las ciudades ven en el triunfo del autoritarismo monárquico una garantía para la paz y el orden), hemos de tener en cuenta que el peso de las ciudades es ya muy reducido, más aún cuando no existió una burguesía fuerte propiamente dicha. Los monarcas, por ello, habrán de triunfar mediante un choque frontal con el elemento nobiliario, ya sumamente desgastado cuando Fernando e Isabel se aprestan a hacerse coronar como monarcas de Castilla.

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