19 feb. 2015

NAVARRA MEDIEVAL (II)

La población del reino de Navarra en los siglos finales de la Baja Edad Media se ha calculado aproximadamente en unos 100.000 habitantes. Los efectos de la peste negra (menores que en otros estados, se ha pensado, gracias a la protección de sus montañas) se paliaron de forma casi total a lo largo del siglo XV.
El poblamiento del país estaba fuertemente afectado por el elemento ultrapirenaico, por ser lugar de paso para las peregrinaciones a Santiago de Compostela. Los barrios de francos se mutiplicaron por todo su territorio. Se puede decir que el elemento hispánico y el francés no llegarán a una total fusión más que muy avanzado ya el siglo XV. En 1422 todavía existían en Pamplona tres burgos con casi total autonomía: la Navarrería, el barrio hispánico; el burgo de San Cernín, poblaro por elemento francés, y el de San Nicolás, de carácter mixto. En 1407, a las cinco merindades tradicionales: Pamplona, Estella, Sangüesa, Ribera y Ultrapuertos, se le unirá el de Olite.
Desde el punto de vista geohistórico, el reino de Navarra está constituído por dos elementos con características propias: de un lado la montaña, cuya forma de vida preferente es la pastoril. El idioma eúscaro y el orgullo de no haber experimentado la dominación árabe imprimen una especial idiosincrasia a esta región, que icupa la zona de Ultrapuertos y las partes montañosas de las merindades de Sangüesa y Pamplona. De otro lado está el llano, más evolucionado y rico, región agrícola que ha experimentado la influencia de las corrientes de los reinos ibéricos vecinos. El castellano es el idioma preponderante de esta zona, en la que se encuentran los principales núcleos de población: Tafalla, Olite, Cascante, Tudela, Corella. El ensamblaje entre estas dos regiones viene dado por las relaciones de trashumancia.
La economía de la Navarra bajomedieval se encuentra fuertemente ligada al Pirineo. al igual que otros estados europeos, experimentará los efectos de la crisis del siglo XIV. A la crisis económica contribuyeron de forma decisiva las veleidades belicistas de Carlos II el Malo. Navarra se verá sometida durante su reinado a una tremenda sangría tributaria. La inflación y el estancamiento de las actividades económicas serán dos fantasmas permanentes durante largos períodos. Carlos II creará el florín navarro, imitación del aragonés, aunque la nueva moneda tendrá poco éxito y será eclipsada por las acuñaciones francesas.
La agricultura, principal fuente de recursos del país, sufre a lo largo de los siglos finales de la Edad Media embestidas que la colocan al borde de la ruina. De un lado, la presión tributaria y la despoblación y del otro, períodos de malas cosechas constituyen factores que inciden de forma negativa en la evolución del mundo rural navarro.
La industria en el país es prácticamente inexistente. Los intentos de crear una incipiente pañería en estella y Tudela apenas tuvieron éxito.
Otro de los graves inconvenientes con que choca la economía navarra de esta época es la falta de puertos. La salida natural del país se hace por Bayona y el litoral guipuzcoano. En 1365 se hizo un intento de convertir Fuenterrabía en puerto franco. La guerra civil castellana impidió que estos esfuerzos cristalizaran en algo positivo. De otro lado, la Guerra de los Cien Años, que había convertido a Francia en principal campo de batalla, deja al reino de Navarra en una muy precaria situación.

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