10 feb. 2015

EL GOBIERNO PERSONAL DE DON ÁLVARO DE LUNA (1430-1437) (II)

Unidas Castilla, Francia y Flandes, era viable la creación de un eje político-económico, en torno al que girasen todas las potencias europeas. Sin embargo, al de Luna no le convenía declararse de una manera demasiado abierta por uno de los dos tradicionales adversarios: Francia e Inglaterra. Con una gran habilidad política supo soslayar esta cuestión. Si Francia le pedía una ruptura política con Inglaterra, aquélla había de corresponder inmediatamente haciendo lo propio con Aragón. El equilibrio de fuerzas en el Occidente europeo garantizaba así el equilibro de fuerzas en los reinos hispánicos. en realidad, ésta era la base del programa político de don Álvaro: mantener la paz en el Atlántico, pero nunca a costa de compromisos exteriores que obligasen a Castilla a costosos esfuerzos sin una segura compensación.
Más importante desde el punto de vista propagandístico resultaba la apertura de hostilidades con Granada. Dos razones confluían en ello: de un lacdo, la reanudación del hilo de la Reconquista, empresa lánguidamente mantenida por los fronteros del valle del Guadalquivir; de otro, la necesidad para el valido de emular las hazañas de Fernando el de Antequera. La frontera granadina se volvía a convertir en plataforma de promoción política.
Las operaciones militares se apoyaron en cuatro bases fundamentales, que habían de atenazar al reino nazarí: Jerez,Écija, Jaén y Lorca.
El objetivo principal de las armas cristianas había de ser Málaga, dada la gran importancia económica que la ciudad tenía para el último reducto musulmán de la Península. La guerra comenzó desarrollándose de acuerdo con las normas clásicas del "otoño de la Edad Media": cabalgadas de las vanguardias cristianas, que batieron la vega granadina,pero sin tomar ninguna plaza de importancia. El 1 de julio de 1431, Muhammad VIII fue derrotado por el ejército de Juan II a campo abierto, en la Higueruela, a la vista de la propia capital de su Estado. El éxito de las armas cristianas apenas si fue seguido de provecho alguno para ellas. La política granadina de la Corona de Castilla se encaminaba desde esos momentos a un intento de establecer un protectorado en el reino nazarí mediante el apoyo a Ibn-al-Mawl, reconocido con el nombre de Yusef IV. Tal situación fue poco duradera, ya que, muerto al poco tiempo el usurpador, Muhammad VIII recuperó sus derechos al trono. La guerra se fue convirtiendo en algo endémico en la frontera granadina. Los castellanos fueron lentamente adelantando sus posiciones en los años siguientes. Como contrapartida, el avance de los turcos en los Balcanes se convirtió en un fenómeno inexorable.
La frontera granadina, aparte de escuela de guerra para las armas castellanas, tenía otra ventaja para el condestable: ser elemento canalizador de los impulsos de aventura de una nobleza cada vez más poderosa. Ocupados Vélez-Blanco, Vélez-Rubio, Huelma, Galera y otros bastiones nazaríes, las vegas de Granada y Málaga se encontraban cada vez más vulnerables a las cabalgadas castellanas. Si bien al final (hacia 1439) se vuelve al viejo sistema de treguas, la política granadina de don Álvaro de Luna supone un intento más de lo que medio siglo después se convertirá en realidad: el definitivo final de la Reconquista.

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