31 ene. 2015

LOS INFANTES DE ARAGÓN, ÁLVARO DE LUNA Y LA NOBLEZA CASTELLANA

A lo largo del reinado de Juan II de Castilla, tres fuerzas políticas van a entrar en pugna: la institución monárquica, expresada en la infatigable labor de don Álvaro de Luna; los infantes de Aragón, y la nobleza castellana, que en los años anteriores ha ido reforzando sus posiciones hasta convertirse en una potente oligarquía.
Sin embargo, estas tres fuerzas no se puede decir que sean totalmente homogéneas, y menos aún que se atrevan a actuar independientemente. Por un lado, tanto la aristocracia castellana como los infantes de Aragón presentan frecuentes fisuras a la hora de intervenir en el panorama político castellano-leonés. Fernando el de Antequera había confiado en que, unidos sus hijos, Castilla necesitaría forzosamente de su colaboración para poder gobernarse. No obstante, los infantes en rara ocasión formarán un bloque coherente que se imponga de forma decisiva a la autoridad monárquica, a pesar de que ésta se encuentre -teóricamente- en manos de un soberano de tan escasa talla como Juan II y que los hijos del de Antequera puedan contar con el respaldo de la Corona de Aragón para sus proyectos.
Frente a ellos, la oligarquía castellana desconfía, dado el excesivo poder que han ido acumulando. El recuerdo de la insaciable ambición de la alta nobleza de parientes del rey, creada por Enrique II y neutralizada por Enrique III, permanecía aún fresco en la memoria de unos nobles que, de forma paciete, habían estado labrando su poder en los últimos lustros. Con los infantes de Aragón, en efecto, resurge en Castilla una peligrosa alta nobleza dinástica.
La tercera fuerza en juego, la autoridad monárquica, se presenta por primera vez de forma tan firme como paradójica en la figura de un valido. ¿Cuál fue realmente el programa político de don Álvaro de Luna?
De entrada, es necesario reconocer que sobre este personaje ffalta aún un estudio lo suficientemente completo y documentado que nos permita comprender si , aparte de su reconocida ambición, poseía conciencia clara de lo que había de ser el gobierno del Estado castellano-leonés. La mayor parte de los trabajos que se han realizado en torno a la figura de este personaje quedan encuadrados dentro de unos marcos puramente biográficos, mediante la utilización casi exclusiva de las crónicas del momento. Que supo aprovecharse de la debilidad del monarca es algo fuera de toda duda. Pero también lo es que su actuación estuvo encaminada, en gran medida, a luchar por el afianzamiento de la institución monárquica, aunque paradójicamente hubiera de aliarse de forma circunstancial con algunos de los clanes nobiliarios, enemigos precisamente de toda veleidad de autoritarismo regio.

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