16 ene. 2015

ENRIQUE III DE CASTILLA (III)

Conjurado el peligro en la frontera, Enrique III pudo reunir fuerzas suficientes como para exigir de sus parientes que disolviesen los contingentes armados que últimamente habían reclutado. Se prefirió en principio la vía de la negociación. Sus resultados fueron nulos. De ahí qeu el monarca prefiriese pasar a la acción. El duque de Benavente fue la primera víctima de la política represiva de la Corona. Llamado a la corte, do Fadrique fue encerrado en prisión. Era el primer paso de un amplio programa de eliminación de la alta nobleza como fuerza política.
El próximo objetivo fue Leonor de Trastámara, alejada de su marido, Carlos III de Navarra, desde hacía algunos años, alegando para ello los más increíbles razonamientos. Su estancia en Castilla era no sólo motivo permanente de preocupación en el orden interno, sino también una potencial fuente de tensiones con el pequeño reino vecino. Enrique III procedió con energía. Las tropas reales ocuparon Roa. A renglón seguido se procedió al levantamiento del vasallaje que los vecinos de la villa de Sepúveda debían a su señora, aunque sin negar en ningún momento los derechos de ésta a las rentas que legítimamente había adquirido. en junio de 1394, una embajada navarra negoció con Enrique III la vuelta al reino pirenaico de Leonor de Trastámara. En el mes siguiente, el soberano castellano enviaba a Perafan de la Ribera a Navarra con una misión semejante.
Las negociaciones llegaron a buen término. Un segundo obstáculo había sido eliminado porel monarca castellano en su política de sometimiento de la alta nobleza y su neutralización como fuerza política.
Quedaban aún por someter los condes de Trastámara y de Noreña. Con el primero se llegará a una especie de acuerdo tácito, por el que se respetaba la enorme influencia adquirida por éste en la región gallega. No plantearía en el futuro graves problemas al soberano. Don Alfonso de Noreña, por el contrario, suponía un mayor peligro. Su actitud levantisca a lo largo del reinado de Juan I y durante la regencia de Enrique III prosiguió durante los primeros años de mayoría de edad de éste. El monarca castellano, una vez tomadas personalmente las riendas del poder, hubo de emprender dos expediciones contra los dominios de su recalcitrante pariente. La primera constituyó un auténtico paseo militar hasta su penetración en Asturias, en donde liberó a los caballeros de las posibles pleitesías que hubieran contraído con el conde. La ocupación de Oviedo supuso la culminación de esta primera campaña, por cuanto el cerco de Gijón, en donde el de Noreña se había refugiado, fracasó al verse las fuerzas reales diezmadas por una epidemia.
Alfonso Enríquez, a fin de ganar tiempo, logró de Carlos VI de Francia que actuase como mediador en la disputa con su sobrino Enrique III. El de Noreña, con evidente falacia, alegaba temer por su seguridad, dado que, siendo francófilo, era mal visto en una corte en donde las corrientes anglófilas se habían fortalecido con el matrimonio del monarca con la reina Catalina de Lancaster.
La diplomacia francesa no se tomó demasiado entusiasmo en defender la causa del rebelde. Enrique III, animado por estas circunstancias, preparó una nueva embestida contra Gijón. Esta vez el ejército real se veía mejor provisto de pertrechos. En los primeros días de septiembre de 1395 el cerco de la plaza concluyó con la huída del de Noreña después de entregar el lugar a las llamas.
La neutralización de la potencia política de la alta nobleza de parientes del rey quedaba definitivamente consumada.

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