31 dic. 2014

LA GUERRA ENTRE LOS DOS PEDROS (y III)

Los acuerdos de Murviedro no llegaron a tener efecto. La tercera fase de la guerra por la hegemonía peninsular no tardó en dar comienzo. Pedro IV hizo intensos esfuerzos por atraerse a Carlos II de Navarra, en los mismos momentos en que las fuerzas castellanas presionaban sobre las regiones de Elche, Orihuela y Alicante, aunque sin conseguir apoderarse de Valencia, su principal objetivo. En el mar, las fuerzas estaban equilibradas, ya que a la superioridad numérica de navíos castellanos, oponían los catalano-aragoneses la ventaja de la proximidad de sus bases de avituallamiento. De esta forma, las operaciones a lo largo de 1365 se centraron preferentemente en esfuerzos desesperados de parte aragonesa para emprender una amplia contraofensiva en todo el levante. Pedro IV mostró, en este sentido, un mayor tacto militar que su rival castellano. Mientras éste se limitaba a una labor de limpiea en la región alicantina, cuyo único saldo favorable fue la ocupación de la desmantelada Orihuela, el aragonés volcó todo su esfuerzo contra Murviedro, plaza ocupada por los castellanos y convertida en formidable base de operaciones en el Mediterráneo. La localidad caía en manos de los aragoneses en septiembre de 1365. La mayor parte de sus defensores, ante el temor de ser acusados de traición por Pedro I, pasaron a engrosar las filas del Trastámara. Un nuevo paso para su ascenso al trono.
Sin embargo, para don Enrique quedaba todavía mucho camino por recorrer en este sentido. Para Pedro IV aún había un problema que resolver: el obligar al enemigo para evacuar las plazas de Levante que aún ocupaba. Ambas cosas, acompañadas de la natural resistencia de Pedro I a que se llevasen a término semejantes proyectos, forzarán a una mayor radicalización de posturas.

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