10 nov. 2014

LA CONQUISTA DE LEVANTE Y ANDALUCÍA (V). LA TOMA DE MURCIA, EL TRATADO DE ALMIZRA Y LA SORPRENDENTE CREACIÓN DEL REINO DE GRANADA

A la vez que sucumbía Valencia, comenzaba desde Córdoba una campaña cuyo propósito era tomar Sevilla, la más importante ciudad andalusí del momento, convertida en capital de Al-Ándalus por los almorávides y último gran núcleo urbano de la Andalucia occidental tras la caída de Córdoba, pues el crecimiento de Granada se iba a producir en época posterior, establecida ya la dinastía nazarí.
Los leoneses, ayudados por las órdenes militares, conquistaron Santaella, Hornachuelos, Mirabel y Zafra, a la vez que los castellanos tomaban Aguilar, Cabra, Osuna, Cazalla y Morón. En la frontera oriental se notaba, por otra parte, una cierta inquietud, pues el rey taifa de Murcia, un hijo de Ibn Hud, se veía presionado por los granadinos. Ante el acoso de sus vecinos del sur, los murcianos esperaban, para mantener su propia independencia, que el rey castellano los anexionara; es de hacer notar que, en virtud de una petición del propio monarca de Murcia, el pequeño reino era ya un protectorado de Castilla. El momento se pressentó propico cuando el rey aragonés, Jaime I, teniendo que ocuparse de algunos problemas suscitados por los franceses en los territorios occitánicos dependientes del reino de Aragón, dejó el campo libre en aquella zona a los castellanos. El propio Fernando III iba a ocuparse directamente de la campaña cuando acaeció la sublevación, en 1242, de Diego López de Haro, a la que habría de sumarse una enfermedad del rey, que lo mantuvo en Burgos. Debido a esta imposibilidad, fue el heredero de la Corona, Alfonso, el que se encargó de dirigir la campaña. Darle este nombre parece excesivo, en realidad, pues el reino se entrregó gustoso a quienes lo habían de librar de las ambiciones de los granadinos. Más bien fue un paseo militar, que dejó a las posteriores acciones del maestre de Santiago, Paio Peres Correia, y de Rodrigo González Girón la toma de Lorca, Cartagena y Murcia, únicas ciudades que se opusieron a ser anexionadas a Castilla.
Después de la toma de Murcia, los castellanos entraron en Moguente y Euquera y mostraban propósitos de marchar sobre Játiva cuando el rey de Aragón, celoso de los intereses en aquella zona, penetró en las tierras que eran consideradas reserva de Castilla y ocupó Villena, Sax y algunas plazas más. La situación se hizo sumamente tirante y peligrosa, hasta un grado que estuvo a punto de desencadenar una guerra entre los dos reinos cristianos, lo que no llegó a producirse gracias a la mediación de don Diego López de Haro y de Violante de Aragón, el fin del cual llevó a la firma del Tratado de Almizra el 25 de mayo de 1244. La importancia del mismo fue decisiva, pues al marcar la línea de máxima expansión aragonesa en la Penísula, posibilitará la empresa mediterránea de este reino. La frontera se fijó en torno a una línea que desde el puerto de Biar llegaba a la costa, aproximadamente entre Altea y Villajoyosa, dejando a Alicante en territorio castellano. La gran favorecida fue Castilla, ya que la zona musulmana aun sin conquistar pasaba a ser directamente territorio de reserva castellano. Al firmarse el pacto, los aragoneses se retiraron de Villena y, a la vez, Alfonso abandonó las plazas indebidamente conquistadas a Aragón.
Con la toma de Murcia, la llegada de los portugueses por la región de los Algarves hasta Ayamonte (1238) y la caída de Tavira y Cacela en manos de la orden de Santiago, la Reconquista tenía sólo dos obstáculos, centrados en torno a dos núcleos fundamentales: Granada y Sevilla.
Granada no suponía en aquellos momentos para Castilla -recordemos que por el Tratado de Almizra era su reserva- un obstáculo de gran importancia, y Fernando III parecía dispuesto a anexionarla. Era señor de la ciudad granadina desde 1238 el que había sido señor de Arjona, Abu abd Allah Muhammad ben Yusuf ben Nasr Al-Ahmar, y se decía descendiete de Sa'ad ben Ubayd Allah, uno de los compañeros del Profeta Mahoma. Desde hacía bastante tiempo trataba de formar un reino estable en torno a la ciudad de Granada, reino que la fracasar Ibn Hud aglutinó a muchos linajes andalusíes, árabes y muladíes, que consideraban a Ben Nasr su jefe. En realidad representó el último intento nacionalista andalusí. En 1232 se apoderó de Jaén, cuando ya era dueño de Guadix y Baza, y se hizo proclamar emir de Al-Ándalus. En junio de 1238 se hizo dueño de Granada, a la que convirtió en su capital, trasladando a esta ciudad la capitalidad de la región granadina, disfrutada anteriormente por Elvira. Posteriormente se apoderó de Loja, Alhama y Almería. Una de las ideas que puso en práctica Muhammad fue la de crear una reserva para los fugitivos que venían de todas las direcciones por donde las armas cristianas se mostraban victoriosas.
Fernando III de Castilla, después de la anexión de Murcia, estaba dispuesto a dar el golpe definitivo a los granadinos, y a tal efecto, después de tomar Arjona, Caztalla, Begijar y Carchena, los castellanos acamparon en la vega granadina, sitiando en 1246 a Jaén. Ocurrió entonces algo que por imprevisible resulta aún hoy verdaderamente sorprendente: viendo la inutilidad de la resistencia, Muhammad se presentó en el campamento cristiano y prestó homenaje feudal al monarca castellano, siéndole aceptado por éste. Jaén fue entregada, mas se consiguió salvar para el Islam el último trozo de Al-Ándalus, cuya vida se habría de prolongar dos siglos más. El rey de Granada se comprometía a pagar un tributo anual, a asistir a las Cortes cuando las hubiese y a prestar ayuda militar al monarca castellano. Sabemos con absoluta certeza que un cuerpo de caballería granadina, compuesto por unos 500 hombres, participó en la toma de Sevilla.
El Estado que se creó de esta forma tenía unos 400 kilómetros desde Tarifa hasta poco más de 30 de Almería y desde cerca de Jaén hasta el Mediterráneo.

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