11 nov. 2014

EL REINADO DE JUAN I (y II)

Cuando, en los años posteriores, la paz vuelva a Castilla, Juan I tratará de dar unos perfiles definitivos a su política de insistucionalización del sistema. Las Cortes son el telón de fondo de esta actividad. Reorganización del Consejo Real, fijación de la Audiencia y articulación de las Hermandades como auxiliares de la justicia real en la persecución de malhechores son los tres puntos más sobresalientes de su actividad organizadora.
La introducción del Consejo Real de cuatro doctores, legistas romanistas, fervientes defensores de la autoridad monárquica, constituirá un elemento clave para el enfrentamiento de los reyes contra el estamento nobiliario. La reorganización de la Audiencia en las Cortes de Briviesca en 1387 supone un paso adelante en un proceso ya iniciado por Enrique II. Las nuevas Hermandades, que unificarán bajo su autoridad común las diversas prestaciones que los municipios habían hecho hasta entonces para la defensa de la seguridad, son un poco el resultado de los deseos de poner orden dentro del reinouna vez que, salvado el peligro de la invasión inglesa, los sucesivos años de guerra habían hechoarraigar hábitos de violencia en las poblaciones y el bandolerismo constituía una auténtica plaga. Sin embargo, no será sólo pura medida de emergencia, ya qe la nueva organización dada a las Hermandades por el monarca debió de ser lo bastante eficaz como para que los municipios solicitasen su mantenimiento.
El apogeo de las Cortes en los últimos años del reinado de Juan I encerraba, sin embargo, una llamada al engaño. Si en su actividad habían tenido una indudable eficacia y habían puesto al descubierto los males que corroían al reino, hay que tener en cuenta, como contrapartida, que el monarca posblemente no hubiese hecho tanto caso de ellas si no hubiese sufrido su descalabro en Portugal. En el fondo siguen latiendo los mismos problemas: desequilibrio económico, producto de la magnanimidad regia para con los nobles y de las últimas campañas militares; malestar de los municipios sometidos al dominio nobiliario; enfrentaminento de agricultores y ganaderos, más intenso aún cuando Juan I concedió nuevos privilegios a la Mesta; acentación de la fobia antisemita... Al malestar económico se le unió desde 1386 la inmediata inflación, paralela a la emisión de muy baja ley, el blanco, que contribuyó a acrecentar el desbarajuste financiero, más aún cuando ni el propio monarca, al exigir que los servicios se pagasen en moneda antigua, reconoció el valor fiduciario que en principio le había asignado.
La prematura muerte del monarca el 9 de octubre de 1390 impide hacer balance final de una obra que no pudo llegar a concluir. Los disturbios de la minoridad de su heredero son una buena muestra de que los esfuerzos del segundo Trastámara en pro de la institucionalización del sistema no habían dado aún sus frutos.

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