28 nov. 2014

CORONA DE ARAGÓN. JAIME I EN LAS CRUZADAS

Las empresas exteriores habían remitido desde la culminación de la conquista de Valencia. Las hostilidades que los musulmanes mantenían ininterrumpidamente en la frontera, y de vez en cuando en el interior mediante sublevaciones, no eran suficientes para distraer las energias bélicas de la nobleza y de las diudades. Jaime I se esforzaba por iniciar nuevas empresas que distrajeran el ímpetu belicoso de sus súbditos. con ánimo de entreneterlos y, al mismo tiempo, de añadir laureles a sus muchas victorias, Jaime I se mostró siempre dispuesto a cuantas iniciativas se le propusieron para seguir luchando contra los "infieles". En 1264 fue la llamada apremiante de su yerno, Alfonso X de Castilla (el Sabio), a causa de las sublevaciones de los musulmanes en Andalucía y Murcia. el rey de Aragón solicitó de los catalanes que le adelantaran la concesión del bovaje -tributo periódico que esa tierra le pagaba- y pretendió lo mismo de los aragoneses, que le opusieron una fría negativa, tomando de ahí pretexto, como luego se verá, para iniciar nuevas hostilidades. El rey, no obstante, siguió adelante en su empeño, y dos años después conquistaba Murcia y se la devolvía al rey de Castilla. En 1269 tuvo lugar el conato de cruzada a Tierra Santa. En aquellos años de exaltación religiosa, la cruzada era la meta con que un monarca de la cristiandad podía soñar para coronar su carrera. Jaime había concluído la reconquista de la zona que se le asignó en España; había ayudado incluso a Castilla a conservar la suya. Sólo partiendo hacia los Santos Lugares podía seguir ejercitando sus armas al servicio de la fe. El proyecto adquiría proporciones fantásticas, pues secundaban al rey de Aragón en esta empresa no sólo el Papa y el emperador de Bizancio, Miguel Paleólogo, sino también el gran Khan de los tártaros, que extendía por Asia el Imperio de sus mongoles y reclamaba instrucción religiosa para abrazar el cristianismo. Nada fue capaz de disuadir a Jaime el Conquistador de este proyecto, que contaba incluso con el apoyo del rey de Armenia. El rey de Castilla, que no consideraba la empresa segura, intentó disuadirle; pero al no conseguirlo, le proporcionó ayuda económica ypermitió a sus súbditos que le acompañara voluntariamente. Jaime dejó sus reinos al cuidado del primogénito Pedro, y con tropas escogidas, entre las que figuraban algunas compañías de almogávares, que hacían probablemente su primera salida por el Mediterráneo, se hizo a la vela en septiembre de 1269 desde Barcelona. Mas poco después hubo de refugiarse en Aigues-Mortes a causa de una tempestad. El rey desembarcó y regresó a Cataluña. La flota, conducida por sus hijos bastardos, Pedro Hernández y Fernán Sánchez, continuó viaje hasta San Juan de Acre, socorriendo con avituallamientos esta plaza, que se encontraba en una situación más que apurada, y regresando luego por Creta y sicilia. ¿Qué había hecho retroceder al Conquistador? ¿Los encantos de una mujer, la castellana Berenguela Alfonso, su barragana de turno, al que algunos autores achacan el deseo incontenible del rey de regresar presto? ¿Fue la gran tempestad? ¿Las reconvenciones papales, que contraponían a sus ardientes ideales de cruzado la vida poco edificante que llevaba, a causa de su constante debilidad por el bello sexo? Quizá no se llegue a saber nunca. En cambio nos consta que Jaime I siguió albergando su proyecto de pasar a Tierra Santa, y que va a ser precisamente el escaso ecoque sus proyectos obtienen en la corte pontiicia lo que al poco tiempo hará que los abandone definitivamente.

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