12 oct. 2014

LOS CINCO REINOS (II)

La entrada de Fernando II en Castilla, acompañado de los Castro, supuso el comienzo de un período en el que el rey leonés iba a ser el centro de la vida peninsular. Tras ocupar Toledo, Segovia y sus comarcas y obligar a los Lara a refugiarse en Burgos, Fernando II marchó hacia la frontera oriental, sabedor de que en la Corona de Aragón Ramón Berenguer IV había muerto y en su lugar reinaba Alfonso II (1162-1196), otro niño a quien su padre había puesto nominalmente bajo la tutela del rey de Inglaterra, pero que de hecho actuaba bajo la dirección de un grupo de magnates catalanes y aragoneses. En septiembre de 1162 se celebró una entrevista en Ágreda, en la que Fernando II tomó bajo su protección al rey aragonés ofreciéndole como esposa a su hermana Sancha, hija de Alfonso VII y doña Rica, y recibiendo homenaje de los nobles catalanes y aragoneses en nombre de Alfonso II. Desde allí el rey de León marchó a Burgos, donde los Lara le reconocieron como tutor de su sobrino Alfonso VIII. La superioridad leonesa sobre los otros reinos peninsulares parecía establecida, y ello justificaba el empleo del título de "Hipaniorum rex", que por entonces se intensificó.
El único que no demostraba ningún acatamiento a Fernando II era Alfonso de Portugal, que, incomodado por la repoblación de Ciudad Rodrigo, invadió la zona, llegando a ocupar transitoriamente Salamanca. Mientras Fernando II se dedicaba a rechazarlo, los Lara iniciaban la reacción castellana que, con diversas artes, acabaría por sustraer la tutela de Alfonso VIII al rey de León para ponerla nuevamente en manos de esta poderosa familia. Fernando parecía interesarse cada vez menos en una tutoría que sólo le proporcionaba dificultades. Optó entonces porque la cuestión fuese decidida entre los Laras y los Castros, que de forma encarecida volvieron a enfrentarse. Pero durante los años transcurridos, los Lara habían conseguido identificar su causa con la de Castilla, mientras que los Castro, siempre acompañados de tropas leonesas y acompañantes ellos del rey de León, eran a la vista popular sospechosos de colaborar con el rey extranjero. Poco a poco fueron perdiendo todas sus posesiones a manos de los Lara. Al final sólo quedaba en litigio el infantado de Rioseco, que hacia 1170 estaba en poder del rey de León, conformándose los Lara con la renuncia formal de Fernando II a la tutoría de su sobrino.
Cierta sensación de equilibrio recorre la España de los años setenta, tan sólo amenazado por las excesivas ventajas obtenidas por Navarra sobre Castilla durante las alteraciones pasadas y por Portugal, siempre deseoso de extenderse por las tierras musulmanas que el rey de León consideraba reserva suya. La amenaza portuguesa está unida a un curioso personaje, Geraldo Sempavor, esto es, "sin miedo", un héroe de difícil calificación, considerado a veces como un homicida que capitaneaba una banda de hombres al margen de la ley, pero en realidad un aventurero afortunado, que obtuvo señalados triunfos gracias a las tácticas que empleaba para asaltar las poblaciones. Elegía para sus golpes las noches oscuras y con peores condiciones climatológicas. De esta forma se fue apoderando de diversas ciudades de Transierra, como Évora, Cáceres y Trujillo, cuya conquista correspondía, según el Tratado de Sahagún, a Fernando II. En 1169, Geraldo Sempavor había entrado en Badajoz, cuya guarnición musulmana, no obstante, se hizo fuerte en la alcazaba. El portugués pidió ayuda a su rey, que, con un ejército, acudió a la ciudad extremeña. Fernando II, quien no podía ver qu le cerraran su camino de expansión hacia el sur, hubo de pactar una acción conjunta con los almohades, a fin de expulsar de allí a los portugueses. El rey de León entró en Badajoz, y en sus calles fueron derrotados y hechos prisioneros Sempavor y Alfonso Enríquez, quienes, para recobrar su libertad, hubieron de entregar a Fernando II sus principales conquistas. Badajoz siguió bajo los musulmanes, que se hicieron vasallo del rey leonés. Un nuevo ataque a la ciudad en 1170 de Geraldo Sempavor fue rechazado mediante una acción conjunta de almohades y leoneses.

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