21 oct. 2014

LOS ALMOHADES EN ESPAÑA (y IV)

Por su parte, los almohades volvían a traslucir signos de hostilidad. El Papa, percatándose del peligro, mandó un legado pontificio para conseguir la unión de los reinos frente a la avalancha que amenazaba con venírsele encima. Se logró justo a tiempo una alianza entre los reyes de Castilla, Aragón y Navarra. En aquel mismo momento, un enorme ejércitoalmohade cruzaba el Estrecho, el 1 de junio de 1195, dirigiéndose a Sevilla, de donde marchó por el valle del Guadalquivir, siguiendo la calzada romana hacia Calatrava. Alfonso IX y Sancho VII habían movilizado tropas en auxilio de Castilla; pero Alfonso VIII, que estaba en Alarcos, presentó batalla el 19 de julio, después que los musulmanes la rehuyeran el día antes.
La batalla fue larga y encarnizada, a pesar de que las cifras que conocemos parecen estar abultadas por los cronistas de ambos bandos. Sin embargo, la gran superioridad numérica almohade acabó imponiéndose, debiendo los castellanos abandonar el campo, si bien las pérdidas fueron grandes en los dos ejércitos. Aprovechándose de la derrota, el califa se apoderó de varios castillo inmediatos: Alarcos, Guadalfuerza, Malagón, Benavente, Calatrava la Vieja y Caracuel, aunque no siguió adelante. A principios de agosto estaba de nuevo en Sevilla.
La ofensiva no se hizo esperar, teniendo lugar en 1196 por Extremadura. Para empeorar la situación, estalló la guerra entre León y Castilla, mientras los musulmanes asolaban toda la región extremeña, tomando y destruyendo muchas de las ciudades que encontraban en el camino y llegando por fin, a través de la zona de Talavera, hasta Escalona, punto máximo de la expansión almohade.
Al poco tiempo, en 1197, Alfonso IX intentó una nueva campaña, que no obtuvo resultado alguno. El califa almohade, como consecuencia, reemprendió la ofensiva, llegando hasta Toledo. Sitió Madrid y alcanzó Guadalajara; luego retrocedió por Huete, Uclés, Cuenca y Alarcón, y en seguida aceptó una tregua, en vista delos movimientos levantiscos almorávides que se volvían a agitar en el Magreb. Esto dejó momentáneamente las manos libres a Alfonso VIII, que pudo concentrar sus fuerzas en la frontera de León, ayudado por Sancho I de Portugal. Alfonso IX hizo viaje a Sevilla, con la esperanza de obtener ayuda. Al comprobar lo infructuoso de sus gestiones, se apresuró a pedir la paz.
El 23 de enero de 1199 murió el califa, a quien sucedió su hijo Abd Allah Muhammad Ibn Yaqub Ibn Yusuf, apodado por los cristianos Miramamolín, forma en que entendían el título de Amir Al Mu'minin o "príncipe de los creyentes".
El nuevo soberano, imbuído del espíritu de la guerra santa, se entregó rápidamente a resolver sus problemas internos, como base imprescindible para poder actuar contra los cristianos. Con tal propósito, acabó con un movimiento almorávide acaudillado por los Banu Ganiya, que se mantenían en Mallorca con la ayuda del rey de Aragón. En 1203, una flota almohade, salida de Denia, se apoderó de Mallorca, asestando con ello un duro golpe al nuevo rey de Aragón, Pedro II.
Después de estas fechas no volvieron a inquietar a la Península con nuevas campañas; pero a nadie se le ocultaban sus propósitos. La necesidad de una unión se hacía inminente. Su gran artífice fue el arzobispo de Osuna, Rodrigo Jiménez de Rada. Consiguió éste del Papa la predicación de una cruzada contra los musulmanes. Los términos conseguidos permitían al arzobispo imponer la reconciliación de los reyes. En 1209 logró que se firmase el acuerdo de Mallén entre Sancho VII de Navarra y Alfonso VIII y una tregua ente el castellano y Alfonso IX. A estos acuerdos se unió Pedro II de Aragón, entrando en 1210 por Castellón y apoderándose de Ademuz, Castellfabib y Sertella. Alfonso VIII concentró fuerzas en la fronera y esperó que acabase la tregua con los almohades. Cuando llegó este momento, entró por Despeñaperros y se dirigió hacia Jaén y Baeza, con objeto de tantear el terreno y tomar posiciones con vistas al ejército que se estaba agrupando en Marrakech.
Mientras tanto, la cruzada se predicaba por todo el mediodía francés.
El 1 de junio llegó Muhammad a Sevilla, y poco después sitiaba Salvatierra, que resistió durante casi dos meses, sin recibir ayuda de Alfonso VIII. A pesar de todo, impidió que el califa iniciase la ofensiva en pleno verano y no se atreviese a entrar en la meseta, comenzado ya el otoño, dando así lugar a que llegasen los nuevos contingentes militares, venidos de Occitania.
El 29 de septiembre de 1211 todo el ejército cristiano recibió orden de encontrarse concentrado, en espera del inminente invierno que se acercaba. Durante todo el espacio de tiempo que el ejército castellano estuvo concentrado, comenzaron a llegar contingentes de caballeros leoneses y occitanos. El número de contendientes por ambos bandos parece ser que rebasaba todo lo visto hasta entonces en materia militar, máxime en una época en que los ejércitos eran muy poco numerosos, a pesar de lo que los cronistas nos puedan hacer pensar.
El 20 de junio de 1212 el ejército cristiano se puso en marcha, dividido en tres cuerpos. por su parte, los almohades salieron el día 22 de Sevilla. El 24 los cruzados tomaron Malagón y el 30 Calatrava. En la toma de esta plaza, Alfonso VIII siguió los procedimientos que solían ser normales en la Península, permitiéndose a los defensores y a sus familiares abandonar libremente la plaza. Esta conducta produjo el descontento de muchos cruzados, cuyo máximo interés era el botín. En consecuencia, gran número de ellos abandonaron el ejército, cometiendo bastantes tropelías al retirare hacia el norte, en los pueblos dependientes del rey de Castilla, salteando y sembrando el terror en las juderías que hallaron en su camino.
El 7 de junio el rey de Navarra, Sancho VII se unía a las fuerzas cristianas.
Al llegar a Sierra Morena se encontraron los cristianos con que ya los almohades habían ocupado los pasos montañosos, estando su ejército acampado en la llanura de las Navas de Tolosa, donde pensaban poder desplegar con más facilidad sus tropas, más numerosas que las cristianas.
Los cristianos, por lo que sabemos, cruzaron las montañas, aunque la forma como lo hicieron nos permanece totalmente desconocida. La explicación tradicional atribuye a un pastor las indicaciones sobre un camino oculto por donde cruzar. A este pastor las leyendas posteriores lo identificaron con el apóstol Santiago. En la madrugada del 16 de junio el ejército cristiano se alineó en orden de batalla. Enfrente se extendía el ejército califal, cuya vanguardia estaba formada por voluntarios de la guerra santa.
La batalla fue terriblemente competida y sangrienta, culminando con gran desorden y desbandada de las tropas musulmanas, cuyo jefe hubo de huir para savarse, perseguido de cerca por las tropas cristianas, que tomaron rápidamente Ferral, Baños, Tolosa, Baeza y Úbeda, esta última arrasada e incendiada el 23 de julio.
Hasta su muerte dos años después, en septiembre de 1213 el rey castellano trató de aprovechar el máximo la victoria. Por su parte los musulmanes perdieron desde aquel momento y hasta pasado cierto tiempo la iniciativa militar, presentando, a partir de entonces una resistencia encarnizada, en especial los andalusíes, que se daban perfecta cuenta de la trascendencia del desastre, con miras a su permanencia en Al-Ándalus.

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