29 oct. 2014

EL REINO CASTELLANO-LEONÉS. FERNANDO III (y IV).

Castilla estaba en esos momentos regida por un gran rey, Fernando III, una de las figuras más preclaras de toda su historia. La personalidad de Fernando III el Santo quedó vinculada a una de sus más importantes empresas: la reconquista de Andalucía, que realizó favorecido por diferentes circunstancias, tales como la rápida desintegración del Imperio almohade y la potencia interna que habían conseguido sus propios estados. Mas de la obra reconquistadora nos habremos de ocupar en un capítulo especial. Ahora debemos referirnos tan sólo a la obra interior llevada a cabo por el rey santo. En ella dio repetidas muestras de magnanimidad y gran tacto. La incorporación del reino de León no estuvo exenta de dificultades, que le obligaron a poner en acción todas sus cualidades para acallar descontentos. También en Castilla hubo de aplicarse a poner remedio a algún problema que alteró la marcha pacífica del reinado. En 1242, Diego López de Haro, el poderoso señor de Vizcaya, se sublevó. Formaba parte del más escogido grupo de la nobleza castellana, y en los comienzos del reinado había sido distinguido con el cargo de alférez del reino, el más importante junto con el de mayordomo, concedido a Gonzalo Ruiz Girón. Estos nobles, cuya riqueza era enorme y cuya colaboración resultaba imprescindible a la monarquía, chocaban en ocasiones en sus intereses con los del rey, con el que inevitablemente entraban en conflicto, no obstante la anterior amistad y colaboración. En Castilla, la desaparición del conde de Lara había dado un momento de respiro a estos choques que se iban produciendo de forma periódica. Mas no tardaron en reaparecer, si bien de forma mucho más moderada. Cualquier acto del rey por el que se pudiesen considerar perjudicados, daba ocasión a ello. La dote que concedió a Beatriz de Suabia, esposa elegida para Fernando por su madre Berenguela, en la que parecía incluir algunos lugares pertenecientes a la nobleza, produjo el correspondiente altercado. También Gonzalo Núñez de Lara, hermano del difunto conde, se alzó en su señorío de Molina. Así, de incidencia en incidencia iba transucurriendo el tiempo, hasta que en la fecha indicada Diego López de Haro, confiado en su ascendiente y poderío, se alzó contra Fernando III, a causa de ciertas tierras que reclamaba. Fernando hubo de suspender el viaje que proyectaba hacer a Andalucía, donde le reclamaban sus empresas reconquistadoras, y entró en negociaciones con el señor de Vizcaya, al que pronto ganó con su acostumbrado desinterés y sentido de la justicia.
Por entonces se desarrollaba en la Península un afán ordenador de las leyes de cada Estado, del que no se vio libre Fernando III. Además de mandar traducir el Fuero Juzgo y de otorgarlo como fuero a varias ciudades, trabajó en la redacción de un fuero general, que habría de servir para todo el reino, anticipándose a la labor codificadora de su hijo Alfonso el Sabio. Otras muchas iniciativas suyas fueron destinadas a mejorar el bienestar y el ordenamiento de su reino. En el aspecto cultural, destaca la fundación del Estudio General del Reino, en Salamanca (adonde trasladó la antigua escuela palentina), que fue dotado generosamente y provisto de estatutos propios, con amplias autonomías sobre cuya base floreció la espléndida trayectoria cultural de la universidad salmantina. Apoyó las construcciones religiosas de las ciudades que iba ganando a los musulmanes, y en otras del interior fomentó la edificación de mejores catedrales góticas. Ordenó las actividades económicas, concediendo ferias, regulando el comercio, promoviendo la construcción de barcos, para lo cual dispuso la apertura de atarazanas en Sevilla. Cuando murió, en 1252, dejaba a su hijo Alfonso X el Sabio, un reino engrandecido territorialmente y fortalecido en el interior por la moderación y el buen gobierno.

No hay comentarios: