10 ago. 2014

LA REVUELTA HISPÁNICA. LOS MULADÍES (III). LOS BANU QASI.

La rebelión en la marca superior tiene como escenario el eje Zaragoza-Tudela, y como protagonista indiscutible, la familia de los Banu Qasi. Ya habíamos visto cómo el fundador de la dinastía, el conde visigodo Casius, había renegado de su fe y profesado el islamismo, a fin de conservar sus dominios en el valle del Ebro. También vimos cómo los vascones de Pamplona, sujetos a los gobernadores cordobeses, bien que precariamente, habían conseguido su independencia apoyándose en esta poderosa familia, aunque para ello tuvieran que asesinar en el 798 a uno de sus miembros, Mutarrif, último valí de Pamplona. Los lazos familiares que unieron a ambas dinastías sirvieron para que durante mucho tiempo se prestaran mutuo apouo contra el enemigo común. Los Banu Qasi iniciaban así una política de independencia, que les llevó a constituirse un rico patrimonio en tierras aragonesas y a desobedecer, en largos períodos de su historia, al gobierno central de Córdoba.
Musa ben Musa, bisnieto del conde Casius y esposo de Assona, hija de Íñigo Arista, fue el primero que se levantó en Tudela. Además de las posesiones de Borja y Terrer, se enseñoreó de gran parte de la comarca, en la que se mantuvo absolutamente independiente hasta su muerte en el 862. Este curioso personaje, que se hacía llamar "tercer rey de España", combatía por igual al rey asturiano Ordoño I y a los emires cordobeses Abd Al-Rahmán II y Muhammad I, o a los cristianos de la zona oriental, cuyas plazas de Barcelona y Tárrega fueron saqueadas. Musa ben Musa padeció bastantes alternativas en su suerte, esiendo, en sus comienzos, derrotado por los generales del ejército cordobés, y debiendo acudir, acto seguido, a la llamada de éste para combatir a los normandos que atacaban Sevilla. Ya antes de la muerte del gran emir andaluz, Musa era nuevamente independiente. Muhammad I se hubo de contentar con recibir de él un vasallaje poco más que nominal. Sus dominios se llegaron a extender en torno a las tres ciudades más importantes de la zona: Tudela, Huesca y Zaragoza. Las guerras o aceifas que dirigía contra los territorios cristianos le proporcionaban abundante botín que le permitía hacer figurar como gran príncipe, dotando a esas ciudades de buenos edificios.
Tras su muerte en el 862, sus hijos permanecieron algún tiempo sometidos a Córdoba, contemplando cómo otros rebeldes se alzaban en Soria, Huesca y Zaragoza; mas en el 871, dos de ellos, Mustarrif e Ismail, se declaraban independientes en Tudela y Lérida respectivamente. El primero fue fácilmente sometido por el propio emir Muhammad I, que ordenó fuese crucificado en Córdoba con tres de sus hijos. Ismail, en cambio, resistió varios ataques y logró extender sus dominios por la comarca de Lérida, conocida entonces con el nombre de Barbitania. Estando el jefe muladí en esa ciudad fue atacado por Al-Mundhir, hijo del emir, quien contaba con el apoyo de un sobrino de Ismail, envidioso del engrandecimiento de su tío. Éste hubo de someterse y entregar rehenes. Pero nada más alejarse el ejército cordobés atacó a su sobrino, Muhammad ben Lope, quien tuvo la fortuna de derrotarle y hacerle prisionero, encerrándole en el castillo de Viguera. El emir de Córdoba, no obstante, se equivocaba al pensar que aquello suponía la incorporación a sus dominios de la marca superior. ASí se lo hizo saber Muhammad ben Lope, quien, indignado, puso en libertad a sus parientes y se aprestó para la defensa. El ejército del emir que en el 883 atacó Zaragoza hubo de retirarse sin lograr su objetivo. La independencia de los Banu Qasi resurgiría con Muhammad ben Lope en Zaragoza y Rudela, y con su tío Ismail, que había recuperado su señoría en Lérida. Los emires cordobeses sentían el cansancio delas continuas expediciones de castigo, a las que, tuvieran éxito o no, les sucedían nuevos levantamientos rebeldes. Pensando, pues, que no hay mejor cuña que la misma madera, creyó Muhammad que la mejor manera de derrotar a Banu Qasi era levantar en el mismo territorio otra familia rival. Ésta fue la de los Banu Al-Muhachir, más conocidos por "los tuchibíes", un fuerte clan de orígen árabe instalado en Aragón desde la conquista. El emir les permitió fortificar la zona sudoriental del valle medio del Ebro, haciendo del castillo de Calatayud (Qalat Ayyub, esto es "Castillo de Ayyub") y de Daroca los puntos fuertes de su dominio y de su presión sobre el señorío de los Qasi.

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