9 ago. 2014

LA REVUELTA HISPÁNICA. LOS MULADÍES (II).

Otro foco importante de la rebeldía muladí lo constituye el eje Mérida-Badajoz. Así como en el caso anterior la resistencia estaba protagonizada por una ciudad entera, ahora es un personaje, Abd Al-Rahmán Ibn Marwan, quien mantiene la comarca extremeña en pie de guerra. Conocido por el sobrenombre de "el hijo del gallego" (Ibn Al-Chilliqí), era hijo de un muladí de ascendencia galaica, quien había sido gobernador de Mérida, en cuya defensa había sucumbido luchando lealmente a favor del emir. Pero Al-Chilliqí no siguió el ejemplo de su padre, y , al frente de un grupo de muladíes y mozárabes, se declaró independiente en el 868. Rápidamente, Muhammad I marchó contra Mérida sin darles tiempo para que prepararan la defensa. La conquistó y deshizo sus murallas y fortificaciones, excepto la alcazaba, donde dejó una guarnición leal. Ibn Marwan obtuvo el perdón del emir y se instaló en Córdoba, sirviendo en el ejército. Pero un día tuvo una disputa con Hashim ben Abd Al-Aziz, hombre de confianza del emir, quien le insultó y abofeteó. El muladí de Mérida, lleno de odio, escapó de la capital andaluza e intentó inútilmente levantar a su antigua ciudad. No consiguiéndolo, buscó un lugar fuerte cerca de ella: el castillo de Alange, donde se encerró con sus adictos. El cerco al que estuvieron sometidos fue tan duro que les obligó a comer sus propios caballos. Faltos de agua tuvieron al fin que rendirse. Ibn Marwan consiguió permiso para instalarse en Badajoz, que, a la sazón, era una pequeña aldea a orillas del Guadiana. Faltando a su palabra, se rebeló de nuevo y comenzó a fortificar la ciudad. El emir mandó contra él al propio Hashim ben Abd Al-Aziz, a quien el muladí iba a hacer pagar la afrenta que le había hecho. En efecto, Ibn Marwan se procuró la ayuda de otros rebeldes de la zona y del propio rey asturiano, Alfonso III. Todos juntos derrotaron con facilidad al ejército cordobés e hicieron prisionero a su general, que, en testimonio de agradecimiento, fue enviado por Ibn Marwan al rey asturiano, valiendo a éste unos años después un copioso rescate.
Pero al año siguiente de esta victodria, 877, el emir atacó de nuevo Badajoz, obligando al caudillo rebelde a refugiarse en la corte ovetense, donde permaneció ocho años. En el 884 regresó a su ciudad predilecta. Después de ser expulsado de ella y dar varios golpes de mano en la región que va desde Sevilla hasta la costa atlántica portuguesa, los emires le permitieron instalarse en Badajoz. Allí permaneció gozando de absoluta independencia hasta el fin de sus días. Esta paz fue aprovechada por Ibn Marwan para engrandecer y embellecer la ciudad. La dotó de murallas, palacios y jardines. A su muerte se sucedieron cuatro miembros de esta familia durante los 45 años que sobrevivió este pequeño Estado independiente, hasta que Abd Al-Rahmán III lo someta en el 929, llevándose a Córdoba el último de sus príncipes.

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