7 ago. 2014

LA REVUELTA HISPÁNICA. LOS MOZÁRABES (y II).

Mas no todos los cristianos habían sido arrastrados por la oleada de exaltación que llevó a algunos al suplicio. Había entre ellos quienes, por sensatez o por cálculo, preferían optar por una actitud conformista. Eran, sobre todo, aquellos clérigos o laicos que gozaban de buena posición ante el Estado, como el exceptor Gómez, un recaudador de contribuciones de la administración cordobesa. Apoyándose en ellos, el emir, al que en el fondo desagradaban las ejecuciones de cristianos, convocó un Concilio en Córdoba presidido por el metropolitano de Sevilla, Recafredo, al que asistió como representante suyo Gómez. El Concilio condenó la conducta de los cristianos cordobeses, prohibiendo en lo sucesivo los martirios voluntarios. Algunos responsables, como Eulogio y el obispo Saúl de Córdoba, fueron detenidos y parte de ellos ejecutados el 16 de septiembre del 852. Una semana más tarde moría Abd Al-Rahmán II y le sucedía su hijo Muhammad I. Eulogio, que había sido puesto en libertad, inició entonces un interesante viaje por el norte de España, recorriendo diversas ciudades y monasterios e informando a la opinión pública cristiana de cuanto sucedía en Córdoba. Visitó Pamplona y regresó luego por Toledo, donde fue muy bien recibido por la comunidad mozárabe, permaneciendo algún tiempo entre ellos. A su llegada a Córdoba hubo de levantar de nuevo los ánimos de los cristianos que, durante su ausencia, habían abandonado el espíritu combativo. De nuevo se inició otra serie de martirios y represalias. Muhammad oredón demoler el monasterio de Tábanos, considerado como el centro del movimiento subversivo. Todo ello despertó una ola de simpatía en la Europa cristiana. Eulogio fue elegido metropolitano de Toledo por los mozárabes de esta ciudad, aunque la elección no llegó a ser ratificada por el emir. En la Francia carolingia, la noticia de los martirios de Córdoba movió la devoción de los monjes de Sain-Germain-des-Près, que enviaron a dos de ellos en busca de reliquias de los mártires. Y los martirios continuaban. Al fin le tocó su turno a Eulogio. Llamado ante el cadí para responder a la acusación de proselitismo, el peso de la lógica le llevó a maldecir a Mahoma. El 11 de marzo del 859 moría el campeón de la resistencia mozárabe, seguido pocos días después de una joven cordobesa; Leocrida, qien, habiéndose dejado ganar por el islamismo, lo abandonó después, siendo por ello ejecutada.
Aquello era el principio del fin. En los años que siguieron, la comunidad mozárabe se debilitó rápidamente. Complicada a vces en las rebeliones de los muladíes que siguieron al movimiento de exaltación cordobés, su suerte quedó, en esos casos, unida a la de éstos. Y veremos que, a pesar de cubrir casi todo el territorio musulmán, los muladíes fueron vencidos unos tras otros por el primer califa de Córdoba. La situación de los mozárabes entre los musulmanes empeoraba. Los más tibios dejaron su fe para abrazar el islamismo. Poco a poco fueron perdiendo su lengua hasta el punto de que los cánones de los concilios han de traducirse al árabe, aunque en elló influyera más que nada la curiosidad de los musulmane, quienes en el siglo XI llegan a escribir una especie de historia comparada de ambas religiones. Los nombres propios de los cristianos comenzaron por esta época a adoptar las formas árabes. Se iniciaba, por tanto, para éstos, una etapa de postración, después de que el período anterior, un período de exaltación, acabara en el fracaso. En consecuencia, muchos mozárabes, que habían perdidosu cohesión y la confianza en sí mismos como comunidad, comenzaron a abandonar en masa la España musulmana y a emigrar hacia el norte cristiano. Alfonso III, al igual que su hijo Ordoño I, prolongan por aquellos días la repoblación de sus reinos por el sur de la cordillera cantábrica. Los fugitivos mozárabes hicieron un servicio de primer orden a los monarcas astur-leoneses. No sólo dotaron de hombres a las nuevas tierras, sino que enviaron sus monjes, quienes llevaban, junto con sus preocupaciones monásticas y colonizadoras, sus libros, su cultura y sus influencias artísticas. La presencia de un abad de nombre Abd Al-Malik en estos monasterios leoneses no deja de ser una nota curiosa de esta nueva España que crece entre las laderas cántbras y el cauce del Duero.
Es difícil juzgar la actitud de los mozárabes durante el movimiento de exaltación que hemos descrito. No cabe duda de que sus objetivos directos eran religiosos, esto es, oponerse a la ola de conversiones hacia el islamismo desencadenada entre ellos. Pero no seríamos justos si no consignáramos otra finalidad inseparablemente unida a la anterior: la necesidad de afirmarse a sí mismos como comunidad para mantener su propia personalidad y no dejarse absorber por la comunidad musulmana. En una y otra, el rasgo diferencial por excelencia que aglutinaba a sus miembros oponiéndolos a los contrarios era la religión. Defender a ésta y a sus creyentes era defender la vida de la comunidad misma. Los mozárabes defendían, además, su propia cultura, frente a los que se dejaban arrastrar por la de los musulmanes. Cultura, religión y comunidad política propias eran, en definitiva, los ideales por los que un grupo de mozárabes perdieron su vida.

No hay comentarios: