13 ago. 2014

LA RECONQUISTA EN LA ZONA PIRENAICA. EL NÚCLEO CATALÁN (II).

La derrota de Roncesvalles obliga a muchos cristianos de la zona pirenaica a movilizarse para no sufrir represalias, con lo que se origina una importante corriente migratoria de éstos hacia el reino franco. Algunos van a establecerse a la corte misma de Carlomagno. Entre ellos se encuentra Prudencio Galindo, dotado de gran cultura, que colaboró en el llamado "renacimiento carolingio". Otros se instalan en zonas yermas, donde, con autorización de Carlomagno, ocupan tierras que pasan a su dominio mediante el sistema de la aprisio, esto es, por la simple ocupación y roturación de las mismas. Unos y otros hablan al rey franco de las penalidades que sufren los cristianos y de lo fácil que resultaría rescatarlos de los musulmanes, ya que suponen que ellos presentarían a la empresa toda su colaboración. Crean, de este modo, en la corte carolingia un clima de liberación que sirve para que el rey se sobreponga a los amargos recuerdos de Roncesvalles y se decida a tomar la revancha. No pasarán siete años desde aquella triste fecha sin que tome la resolución de continuar con su antiguo plan, yendo esta vez a probar fortuna en la parte oriental de los Pirineos.
En efecto, en el año 785 los francos entraron en Gerona. La leyenda afirma que fue Carlomagno en persona el conquistador de la ciudad, por lo que se le rindió culto en ella durante mucho tiempo. Si fue o no el propio Carlomagno, es algo que se ignora. Lo que sí parece cierto es que no se trató en modo alguno de conquista, sino de entrega voluntaria de la ciudad mediante un pacto firmado, por lo que aceptaba cierto protectorado franco a cambio de que se respetaran sus instituciones. No había, por tanto, ni sombra del endeble derecho de conquista, tantas veces invocado por historiadores franceses. Gerona fue sólo el primer pie de apoyo para la incorporación de los nuevos territorios. En los comienzos del siglo IX se fueron añadiendo los condados de Urgel, Pallars y la Cerdaña. Por entonces también se repueblan algunas zonas abandonadas, tales como Cardona y Caserras y la recuperada ciudad de Vich, en la que se funda el condado de Ausona. El promotor de esto es Luis el Piadoso, hijo y sucesor de Carlomagno, a quien en este momento su padre había constituído en rey de Aquitania, con capital en Toulouse, para que vigilase y organizase desde cerca la defensa y expansión hacia la España musulmana. La penetración por tierras de la antigua provincia tarraconense se conviere en un avance firme cuando el propio Ludovico Pío, en 801, con un ejercito en el que forman parte Rostany de Gerona y Guillermo de Toulouse, se apodera de Barcelona, después de que otra intentona hubiera fracasado tres años antes.
Quedaba así formado un territorio geográficamente homogéneo, comprendido entre los Pirineos, el Mediterráneo y el brazo de hoz que simula el río Llobregat. Esta zona fue conocida mucho más tarde con la denominación de "Cataluña la Vieja", para distinguirla de las tierras conquistadas con posterioridad. En ella quedaban incluídos varios condados, com Gerona, Ampurias, Barcelona, Ausona y otros que estaban fuera de los límites descritos y mas distanciados, como Urgel y Cerdaña. Pero, ¿cuál era la situación política de estas tierras? Un historiador francés de la época de Luis XIV llamado Pedro de la Marca escribió la historia de esta comarca, a la que dio el nombre de Marca Hispánica, considerándola como uno de los departamentos administrativos que con este nombre existían dentro del Imperio Carolingio. Pero el historiador francés escribía más en defensa de los intereses políticos de su rey que de la verdad histórica. Siempre que la Historiografía se pone al servicio de los intereses de unos u otros acaba deformándose. Esto le ha ocurrido muchas veces a Cataluña (y le sigue ocurriendo). Los estudios de Ramón de Abadal han permitido reconstruir con cierta objetivida este período, demostrando no sólo el carácter contractual de las primeras ocupaciones frncas de Cataluña, sino también la no existencia de la Marca Hispánica en el sentido que anteriormente se ha dicho. Cuando ese nombre se usa por los carolingios, no pretende designar con él un distrito más perteneciente a sus dominios, sino únicamente la frontera con los musulmanes (como ya referimos anteriormente al hablar de las "marcas"). El hecho es bastante más significativo de lo que a primera vista pudiera parecer, pues viene a poner en tela de juicio el dominio efectivo de los francos sobre Cataluña.
Pero vayamos a los hechos, que nos aclararán qué alcance tuvo este dominio. Después de una primera etapa que los historiadores catalanes denominan "de liberación", la cual respeta las instituciones y la autonomía de la zona, se produce un viraje hacia el mundo franco, con múltiples repercusiones. Parece que el punto de partida de la nueva orientación fue la destitución de Bera, primer conde de Barcelona, ciudad que en absoluto mantenía todavía superioridad alguna sobre los demás condados ni presidía el fantástico marquesado de la gotia, como pretendían los defensores de la Marca Hispánica. Los francos habían limitado hasta entonces su acción a un suave protectorado sumamente respetuoso con las tradiciones de estos hispano-godos, muy superiores a ellos en cultura y legislación, y sin exigirles impuestos o servicios militares más allá de lo que la defensa de la zona requería. Hacia el año 820 se producen abusos y conflictos que llevan a la destitución de Bera. Los francos dudaron, quizá, de su fidelidad o sospecharon en él tratados con los musulmanes. Lo cierto es que Carlomagno o sus delegados dieron un golpe de mano: en lo sucesivo aparecerá una serie de condes francos, o al menos nombrados por éstos. Rampón, que lo era de Gerona, pasa a serlo de Barcelona y de Besalú. En Urgel y Cerdaña ponen a Aznar Galindo, quien había huído de Jaca, expulsado por García el Malo, y se había hecho vasallo de Carlomagno. En 826 aparece en Barcelona Bernardo, hijo del conde de Tolosa, San Guillermo, simultaneando este condado con el gobierno de Narbona.

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