3 ago. 2014

ABD AL RAHMÁN II. HACIA LA SUPREMACÍA DE OCCIDENTE.

La fisonomía de Al-Ándalus cambia notoriamente con Abd Al-Rahmán II, no sólo debido al carácter del nuevo soberano, tan diferente a su padre, sino por las variaciones que sufre el contorno político, principalmente por el lado del mundo musulmán. El califato de Bagdad había tenido que renunciar a los sueños imperiales de los primeros abbasidas, y resignado, vegetaba en la suntuosa Sumarra. Entre él y el emirato de Córdoba habían surgido varios estados "tapón", algunos ya del todo independientes, como el reino de Fez o el de Egipto. Esta fragmentación del África islámica no sólo libera a los omeyas españoles de la hostilidad abbasida, sino que se crea un mundo nuevo con nuevas necesidades y exigencias.
Al-Ándalus comienza a disfrutar ahora de cierta estabilidad interior, ganada a fuerza de sangre y de una buena organización militar y administrativa, fruto todo ello del gobierno de Al-Hakam I y de la no menos hábil política de su hijo y sucesor, Abd Al-Rahmán II. Ello lanzó a Córdoba y a todo el emirato a un florecimiento sin parangón en el que brilló con luz propia el aspecto cultural. Así la España musulmana caminaba hacia la hegemonía de Occidente, cuyo coronamiento le vendría con los primeros califas. Desmoronado rápidamente el Imperio Carolingio, Córdoba destacará no sólo sobre lo principados musulmanes norteafricanos, sino también sobre los reinos cristianos de Europa.
Abd Al-Rahmán II quiso iniciar su reinado bajo un signo distinto del que privara durante el gobierno de su padre: el miedo. Antes de asumir el poder trató de ganarse a la población, procurando que ésta se formase de él una opinión de príncipe amable y generoso. Para ello buscó en seguida el favor de los alfaquíes, cuya influencia religiosa sobre las masas era una baza de primer orden. DEvovióles parte de la antigua preeminencia que habían gozado bajo su abuelo Hisham y mandó derribar, a petición de éstos, el mercado de vinos de Secunda, en las cercanías de Córdoba, el cual, poseedor del monopolio de su venta, establecía precios prohibitivos. Con el fin de atraerse al populacho, obtuvo de su padre moribundo la orden de crucifixión contra el conce cristiano, Rabí, que había dirigido la política fiscal y el cobro de impuestos, bajo la acusación de haberse extralimitado en el cumplimiento de sus deberes. Esto no era más que un gesto propagandístico fríamente calculado. De hecho Abd Al-Rahmán se propuso poner orden en los intereses del Estado y obtener el máximo rendimiento de los recursos de la Hacienda. Además de los impuestos ordinarios, el gobierno tenía como fuente de ingresos otras regalías y monopolios. Los dos más importantes eran la moneda y las fábricas de productos suntuarios, especialmente las telas preciosas, reservados ahora al Estado.
El Estado musulmán que Abd Al-Rahmán I esbozó en Córdoba fue tomado como modelo. El nuevo sistema, cuya introducción fue completada por el sucesor de Abd Al-Rahmán II, destaca por la ausencia de influencias mozárabes, no obstante el gran peso social de éstos. Indudablemente, el secreto de la islamización de España estuvo en la fidelidad de los invasores a ciertos rasgos específicos del Islam, principalmente la lengua, la religión y las tradiciones. El concepto de "imán sublime" elegido por Dios para gobernar a musulmanes por ser el mejor de ellos, desarrollado sobre todo por los jarachíes, pronto lleva a considerar al califa o a cualquier otro jefe de la comunidad islámica como un monarca absoluto responsable sólo ante Dios de sus actos. Su carácter absoluto queda reflejado en la idea de "gobernar el bien y prohibir el mal", afirmación bien clara de que el poder omnímodo no conoce campo, civil o religioso, que escape a su autoridad. En otras palabras: el emir es infalible.
Y para que la autoridad suprema de Al-Ándalus quedara plenamente configurada, sólo le altaba el título mismo de imán o califa, puesto que, en realidad, se había arrogado ya todas sus prerrogativas. No pasará mucho tiempo sin que un emir, Abd Al-Rahmán III, acabe por dar este último paso.

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