29 jun. 2014

RECAREDO Y LA CONVERSIÓN AL CATOLICISMO (II)

Sería absurdo pensar que la conversión se hizo sin resistencia. Y puesto que se trataba de un viraje hacia la romanidad a través de la religión, era lógico que la reacción proviniera del sector dirigente godo y que se hiciera en nombre del arrianismo, como el más fuerte factor aglutinante de su raza. Ya antes del Concilio de Toledo, un obispo arriano de la Septimania, Ataloco, y los condes Granista y Vildigerno se levantaron contra la fe católica y, curiosamente, se aliaron con el rey franco Gontrán, que era católico y seguía ocupado en vengar a su hermana Ingunda. Uno y otros fueron derrotados por Claudio, principal colaborador de Recaredo en el apaciguamiento de los arrianos. Ignoramos qué fue de los condes. En Mérida, el obispo arriano Sunna, con un grupo de condes y nobles, tramó un complot destinado a asesinar al obispo católico Masona y a Claudio, que entonces era el duque de la Lusitania, para intentar luego el destronamiento del rey. Pero la conspiración fue descubierta y reprimida a tiempo. Sunna se negó a aceptar el catolicismo y fue desterrado a Mauritania (actual Marruecos), y a Segga, al que querían colocar como rey, le fueron amputadas ambas manos. También la reina Gosuinta , que había sobrevivido a Atanagildo y Leovigildo, llevó a cabo una intentona en compañía del obispo arriano Uldila. Todas ellas, así como la que diriguó el duque Argimundo después de celebrado el concilio toledano, carecieron de éxito y fueron rápidamente reprimidas. Para servir de escarmiento, Argimundo sufrió la decalvación y la amputación de la mano derecha y fue paseado por las calles de Toledo montado en un asno.
La reacción más peligrosa contra el catolicismo provino del rey Witerico, que ya había participado en la conspiración de Sunna contra Recaredo. Witerico ocupó el trono en el 603, tras deponer y condenar poco después la muerte a Liuva II, que dos años antes había sucedido a su padre, Recaredo. Witerico, que en el 610 moriría asesinado en un banquete, fue el último rey visigodo que accedió al trono mediante regicidio y que lo perdió de la misma manera. Durante su reinado, los católicos fueron perseguidos, y es presumible que intentara restaurar el arrianismo, aunque no hay pruebas feacientes de ello. La verdad es que ni en esto ni en otras empresas que acometió fue afortunado. Luchó contra los bizantinos, sin más éxitos que la toma por sus generales de la pequeña ciudad de Gisgonza. Intentó establecer lazos de parentesco con los francos, concediendo la mano de su hija Hemimberga al rey Teodorico de Borgoña; mas ésta le fue devuelta antes de que el matrimonio se consumara, quedándose Teodorico con la dote. En vano intentó Witerico vengarse tramando una alianza con Agiulfo, rey de los lombardos, y con los francos de Clotario II y Teodoberto de Metz. Aquel miso año murió, víctima del cuchillo, el que por el cuchillo había llegado al trono, como dice San Isidoro con manifiesto desprecio. La sublevación que acabó con él puso en el trono a Gundemaro (610-612), de escasa importancia, que ocupó su breve reinado en ordenar la Iglesia Católica. Ni él ni sus sucesores volverán a apartarse de esta fe, que será ya sin discusión la de todos los visigodos.

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