25 jun. 2014

LEOVIGILDO, CREADOR DEL ESTADO VISIGODO (III)

En el año 575 Leovigildo tomó la ciudad de Aregia, centro del señorío de Aspidio, a quien hizo prisionero junto a su familia para luego enviarlos a Toledo de vacaciones. Luego marchó el rey visigodo sobre Cantabria, donde, en un espacio que deberíamos encontrar entre la ciudad de Santander y el norte de la provincia de Burgos se había organizado otro estado independiente como el de Sabaria. Dominaban en él los terratenientes hispanorromanos, organizados incluso en torno a un senado. Seguramente este senado cometió todo tipo de abusos sobre los campesinos - estamos ante un incipiente régimen señorial - porque el descontento de los mismos se plasmó en un apoyo incondicional a Leovigildo, quien conquistó la ciudad de Amaya, acabó con la independencia del estado y pasó a cuchillo a la mayor parte de su senado sin demasiado esfuerzo.
Con la anexión cántabra, Leovigildo había abierto una brecha entre los dos núcleos más fuertes del norte: los suevos y los vascos. Contra éstos dirigió en el 581 una campaña inducida tal vez porque habían descendido de sus montañas y, en sus correrías de pillaje, habían llegado demasiado lejos, hasta Rosas. Leovigildo reconquistó la ciudad gerundense y marchó luego contra la Vasconia, apoderándose de parte de ella. Para vigilarlos fundó la ciudad de Victoriaco, cuya localización se desconoce, si bien se suele identificar con la actual Vitoria. Ya no intentó avanzar más en lo sucesivo, dejando que aquellos montañeses primitivos (que incluso habían resistido al yugo romano) siguieran habitando el resto del territorio. La ocupación de Galicia, en cambio, fue total. Leovigildo sólo tuvo que aprovechas las crisis internas para acabar con el reino suevo.
Al mismo tiempo que se aseguraba la posesión de la Península, Leovigildo trató de poner orden en sus dominios. No es mucho lo que conocemos de esta actividad, pero sí lo suficiente como para afirmar que prodeció con firmeza, y casi siempre con acierto. Nada más iniciar su reinado, asoció al trono a sus dos hijos, Hermenegildo y Recaredo, habidos con su primera esposa, de la que lo único que sabemos es que era de ascendencia romano-bizantina. Dicha asociación no significaba en absoluto un reparto del reino, pero tampoco se trataba de un título puramente honorífico. Su finalidad era facilitar la sucesión al trono en las personas de sus hijos en un período en el que la monarquía seguía siendo oficialmente electiva. Se les confiaron funciones de gobierno en el territorio nacional, con lo cual éste quedaba más estrechamente ligado a la corte a través de lazos familiares sólidos (mucho más sólidos que los puramente administrativos). Y a partir de ahí, Leovigildo se propuso la difícil tarea de reformar la legislación visigoda.
El resultado de estos esfuerzos fue una revisión del Código de Eurico, conocida con el nombre de Codex Revisus. Aunque éste no ha llegado íntegro a nuestras manos, se conservan gran parte de sus leyes, más que nada porque las recogió más tarde Recesvinto en el Fuero Juzgo. Cabe destacar el juicio que esta obra legislativa mereció a San Isidoro de Sevilla:
"Corrigió cuanto de inadecuado encontró en las leyes de Eurico, añadiendo muchísimas que se echaban en falta y omitiendo no pocas que resultaban superfluas". Por lo que se conoce de él, el trabajo efectuado fue todo un modelo de ponderación. En contra de lo que se ha dicho - y todavía opinan algunos - no fue una legislación común a godos y romanos, pues el código de Eurico regía tan sólo a los primeros. Pero sí supuso un avance hacia la unificación, al suprimirse algunas leyes godas que establecían separación o categorías entre ambas poblaciones. Las atribuciones judiciales, reconocidas por Eurico a algunos cargos militares, pasaban ahora a la jurisdicción de jueces romanos, desapareció un artículo euriciano que admitía cierta preponderancia de los godos cuando litigaban con un romano en asuntos de venta y donación de bienes. Pero el caso más notable, y al mismo tiempo el más debatido, es la derogación de la constitución de los emperadores Valeriano y Valente, que prohibía los matrimonios mixtos entre romanos y godos.

No hay comentarios: