1 jun. 2014

LA INDEPENDENCIA DE LOS VISIGODOS

El rey visigodo, en su política expansiva, había contado siempre con Roma, con la que negociaba después de cada conquista para que le fuera reconocida. Y cuando no lo consigue por las buenas proyecta una gran coalición antirromana, en la que entran los visigodos, suevos y vándalos, a fin de imponerlo por la fuerza; pero pronto va a percatarse de que en Roma no hay ni sombra de autoridad. No reconoce a Rómulo Augústulo cuando es proclamado emperador, ni a Odoacro cuando le suplanta. En vano reclamará del emperador de Constantinopla la reposición del emperador anterior, Julio Nepote, al que él consideraba legítimo. A la vista de lo que ocurre, el rey va a cambiar de postura. "Viendo Eurico - escribbe el cronista Jordanes - el continuo cambio de emperadores, rompió el pacto que le llegaba con Roma".
La realidad es que el Imperio mismo se evaporaba. Así, por la marcha natural de los acontecimientos, el reino godo se separaba definitivamente del tronco del Imperio y obtenía su total independencia.
Eurico tenía su corte en Burdeos, donde se había rodeado de numerosos colaboradores godos y romanos, entre los cuales ocupaban un lugar importante su ministro León y el retórico Lampridio. Fue también descrita por Sidonio Apolinar, quien hace desfilar ante el brillante rey godo un cortejo de pueblos, en el que figura el sajón de ojos azules, el derrotado sugambro, el hérulo de azuladas mejillas, el borgoñón de siete pies de altura y el romano suplicante, que acude a pedir al fuerte Garona que defienda el débil Tíber. Y no es sólo esta sensación de grandeza la que irradia la corte de Burdeos hasta hacerla aparecer como la heredera de Roma. La desaparición del imperio de Occidente hacía que recayera sobre el rey visigodo la obligación de atender a la organización, no sólo de su pueblo, sino también de la población galorromana. No hay que olvidar que ambas comunidades convivían yuxtapuestas, sin que existiera un intento de asimilación de una sobre la otra. Tenían leyes distintas y distintas eran también sus costumbres, lengua y religión.

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