6 jun. 2014

EL PERIODO INTERMEDIO: GESALEICO

Desde la catastrófica conmoción que supuso para el reino visigodo la derrota de Vouillé hasta que sus ruinas se sedimentaron y aparecieron claramente delineadas las fronteras de los reinos franco, visigodo y ostrogodo, tres episodios notables acontecieron en lo que realmente fue un período intermedio entre el reino visigodo de Toulouse y el ya propiamente hispánico. Son la aventura de Gesaleico, la regencia de Teodorico el Grande y el reinado de Amalarico, último representante de la dinastía de Alarico I, el que había conducido a su pueblo a través de Italia hasta el Occidente.
Gesaleico era hijo natural de Alarico II, quien dejaba, a su vez, a otro legítimo llamado Amalarico que, a la muerte de su padre, contaba tan sólo con cinco años de edad. Siendo la monarquía visigoda electiva, los próceres se fijaron en Gesaleico, que fue elegido rey en Narbona aquel mismo año de 507. En contra de esto estaba el rey ostrogodo Teodorico, abuelo por línea materna de Amalarico, a quien pretendió sentar en el trono de su padre, no obstante su corta edad. Así que mientras se preparaba desde Rávena para hacer valer los derechos de su nieto e impedir el desmoronamiento total de su reino, Gesaleico se encontraba solo, apoyado por una parte del pueblo visigodo y atacado a la vez por los francos y los ostrogodos.
No era el nuevo rey de cualidades tan sobresalientes como para triunfar en dos frentes tan complejos; por el contrario, San Isidoro hace de él el peor de los elogios, señalando no sólo la irregularidad de su origen, sino también la incapacidad y el infortunio que siempre le acompañaban. Toda desventura, que podríamos compendiar en un rey que huye y un reino que se pierde, no hace sino confirmar estas palabras del hispalense. Ya en Narbona, donde había sido elegido, fue atacado por los borgoñones (apoyados por los francos) y vergonzosamente derrotado, dejando a buena parte de sus hombres tendidos en el campo de batalla y la ciudad en poder de Guendebaldo, rey de los borgoñones. Gesaleico se sanvó internándose en Hispania y llegando hasta Barcelona, que, momentáneamente, se convirtió en su corte.
Mientras en Barcelona cometía Gesaleico toda suerte de desaciertos políticos, entre los cuales cabría destacar el asesinato de Goyarico (el que había dirigido la compilación del Breviario o Código de Alarico), Teodorico, velando siempre por los intereses de su nieto, se disponía a intervenir con un poderoso ejército comandado por el duque Ibbas, quien consiguió levantar el sitio de Arlés y luego reconquistó Narbona para dirigirse de inmediato hacia Barcelona, desentendiéndose de los demás territorios visigodos de las Galias, que estaban en manos de francos y borgoñones. Diríase que había un acuerdo tácito, según el cual la Narborense y la Provenza habían de ser para los pueblos godos, dejando lo restante a los francos y sus aliados. Los visigodos sólo se anexionaron con posterioridad algunas ciudades como Béziers y Rodez, pero conservaron firmemente y hasta el final de su existencia la parte que les correspondió: la zona que va desde los Pirineos hasta el brazo más oriental del Ródano, es decir, la Narborense, más conocida en la historia visigoda por la Septimania. Este nombre no hace alusión, como a veces se ha dicho, a siete ciudades, pues de hecho había algunas más, sino al nombre romano de Béziers, Colonia Iulia Septimanorum Baeterrae, puesto en honor de los veteranos de la Legión Séptima, allí asentados por el emperador Octavio Augusto.
Pero sigamos el camino que conducía a Ibbas a Barcelona. En el año 511, tras derrotar a Gesaleico, le obligó a abandonar Hispania y a refugiarse en la corte de los vándalos, a los que pidió ayuda para recuperar su reino. Pero éstos, temerosos de Teodorico, se limitaron a darle algo de dinero y enviarlo a las Galias, donde, con la ayuda de Clodoveo, reclutó un ejército con el que se presentó de nuevo en las proximidades de Barcelona. Allí fue nuevamente derrotado por Ibbas, y huyó precipitadamente hacia el reino de los borgoñones, si bien fue capturado cuando intentaba cruzar el río Durance y asesinado.
Así acabó la triste aventura del que algunos, inexactamente, califican como el "primer rey de España", título que en ningún modo le conviene pues, si bien residió en Barcelona, la ocupó tras ser expulsado de Narbona y de modo violento. Desde luego nada que ver con Ataúlfo y Valia, por ejemplo.

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