5 jun. 2014

EL CONCILIO DE AGDÉ

En el año 506 se celebró, con la autorización del rey, un concilio de obispos católicos en Agdé, en el cual se hicieron votos por la prosperidad del rey arriano y del reino. Ese mismo año se había promulgado el código que facilitaba la administración de la población galorromana. ¿Significó esto un cambio favorable en las relaciones entre la monarquía y los católicos? Pues no. De lo anteriormente dicho se deduce que la tensión sólo afectó al rey y al clero, o quizá sólo a parte de éste. La celebración del Concilio de Agdé y la convocatoria de otro en Toulouse, que no llegaría a celebrarse, sólo prueba que no había persecución y que la Iglesia podía celebrar libremente sus asambleas. Los votos de prosperidad por el rey y el reino fueron actos protocolarios, bastante comunes en los concilios, que nada prueban en realidad. De cualquier forma, si hubo algún gesto por parte de Alarico para atraerse a los católicos con vistas al peligro que se avecinaba, ése fue tardío e inoperante.
La derrota de los visigodos se avecinaba y hay que explicarla sobre otros supuestos distintos a la religión. En los comienzos del 507 Clodoveo avanzaba hacia Poitiers, acompañado ahora por los borgoñones, arrianos ellos como los visigodos. Alarico se preparó reclutando cuantas tropas pudo, tanto de godos como de romanos, ya fueran nobles o siervos. Para pagarlos, recurrió a la emisión de moneda devaluada. Ambos ejércitos se encontraron en Vouillé, a 18 km al noroeste de Potiers. Los visigodos fueron totalmente derrotados y Alarico II murió en batalla. Aun reconociendo los méritos innegables del vencedor, el resultado no dejaba de ser sorprendente. No obstante no podemos hablar en ningún caso de la deserción de los católicos. Los aristócratas y grandes terratenientes católico-romanos, que no estaban en desacuerdo con el gobierno y administración godos, apoyaron a éstos con su armas y algunos murieron en el campo de batalla junto a su rey. Fue el apoyo de las clases inferiores el que seguramente les faltó en esta ocasión. Éstos habían perdidoya su confianza en los godos, que en nada habían mejorado sus condiciones de vida, y con su pasividad permitieron el triunfo de los francos.
En definitiva, el reino visigodo, que ya cabalgaba sobre los Pirineos extendiéndose por las Galias y la Península Ibérica, y que tenía un brillante centro en Toulouse, quedó destruido tras esa batalla. Los visigodos tuvieron que desplazarse hacia el sur y penetrar en Hispania. Los francos se apoderaron de Aquitania y Auvernia, y en el año 508 entraron en Toulouse, llenando los espacios de los que obligaban a huir a los visigodos. Pero éstos, ayudados por los ostrogodos de Teodorico el Grande, no habían dicho aún su última palabra, si bien faltó entendimiento pleno entre los dos pueblos hermanos, causa de que las facciones que surgieron corrieran diferentes aventuras, que en nada favorecían a los intereses comunes.

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