26 may. 2014

... Y LOS GODOS A LAS GALIAS

En el año 418 Valia , que acaba de derrotar a los alanos y vándalos silingos en Hispania, es llamado a las Galias por Constancio, alarmado, como ya dijimos, por sus éxitos, o quizá cediendo a las exigencias de los godos victoriosos, que anhelaban un asentamiento fijo. Lo cierto es que aquel mismo año Valia firma un pacto con el Imperio por el que se autorizaba a los godos a establecerse la región denominada Aquitania Secunda, cuyos límites se extendían al norte hasta el Loira, al sur, hasta los Pirineos, y al este probablemente cerca de Toulose. Esta ciudad y algunas otras que circundaban la citada región también les fueron entregadas "para que habitasen en ellas", según nos cuenta el historiador Próspero de Aquitania.
Con este pacto se iniciaba un interesante período de la historia de los visigodos, de casi un siglo de duración, en el cual el centro geográfico se sitúa por encima de los Pirineos, alejándose temporalmente de la Península Ibérica, y sólo cuando en el 507 el rey franco Clodoveo los venza en la batalla de Vouillé, se establecerán en territorio exclusivamente español. Pero de momento nos interesa saber de qué manera fueron instalados en Aquitania.
La forma de asentamiento empleada por Roma con los pueblos que eran admitidos dentro del Imperio mediante un pacto de foedus se denominaba hospitalitas. Esta fórmula se empezó ya a emplear desde el primer momento, es decir, cuando los pueblos germánicos vagaban de un lado para otro en misiones militares. Entonces la manutención de las tropas corría directamente a cargo del Imperio, que les repartía víveres de los almacenes del Estado distribuidos por las provincias, en los que se recogían los impuestos en especie que éstas pagaban para el mantenimiento del ejército (annona), o se hacían llegar naves hasta los puertos más cercanos, llevándolos luego por las calzadas romanas hasta su punto de destino. este sistema de aprovisionamiento era muy costoso, y el Imperio estaba cada vez en peores condiciones de asegurar que llegase puntualmente. En algunas ocasiones, debido a esas demoras, se producían alborotos y saqueos. No obstante, mientras los pueblos no se estableciesen en un territorio fijo, no había otro procedimiento mejor. Se completaba éste con el alojamiento de los federados entre la población romana. Cada soldado era instalado en una casa de forma gratuita. Una minuciosa reglamentación establecía el procedimientoa seguir en estos casos. El dueño o posesor dividía su vivienda en tres lotes iguales, de los que elegía uno. De los dos restantes, el soldado u hospes tomaba para sí el que más le agradaba, quedando el tercero también para el dueño.
Cuando los godos se asientan en Aquitania permanentemente, el sistema es modificado en cuanto a la manutención. Ya no es necesario que el Imperio les entregue víveres, pues al ocupar una zona de manera estable, pueden recibir en ella tierras y vivir de su producto. De este modo no sólo se facilitan las cosas a Roma, sino que, además, se satisface la vieja aspiración de los visigodos de poseer tierras fértiles. La distribución de éstas a los recién llegados se hizo a costa de los propietarios romanos. Un sinfín de cuestiones se nos plantean acerca del modo como se hicieron las expropiaciones, la distribución y las consecuencias económicas que este hecho trajo consigo. Parece ser que sólo fueron objeto de expropiación los grandes latifundistas, aunque no es seguro que se libraran de ellas los pequeños propietarios.

2 comentarios:

Miguel Ángel de Mòstoles dijo...

No sabía esa parte de la historia francesa de los visigodos.

Perdona por tardar en aparecer, ando algo ausente, y ahora me iré de vacaciones.

Si disfrutaras de ellas en estos días que viene, ¡te deseo disfrutes al máximo!

FRANCISCO GIJON dijo...

Muchas gracias Miguel,

Vacaciones, lo que se dice vacaciones, hace como 5 años que no tengo o que no me tomo, pero bueno, hay algo parecido que es un buen sucedáneo y me imagino que ya sabes lo que es.

Disfruta y descansa!!!

Un fuerte abrazo