27 may. 2014

... Y LOS GODOS A LAS GALIAS II

Los grandes propietarios, tenían organizada la propiedad para su explotación en dos partes, la que cultivaban ellos directamente (terra dominicata) y la que tenían arrendada a los colonos (terra indominicata). Éstos tuvieron que ceder un tercio de la primera y dos tercios de la segunda, según unos historiadores o dos tercios del total, según otros. Estas tierras eran entregadas a los nuevos dueños, juntamente con os esclavos, los aperos de labranza y demás utillaje necesario para su cultivo. No todos recibieron, obviamente, la misma extensión, pues dependía también de su situación dentro de la sociedad goda. Digamos que las castas superiores obtuvieron propiedades suficientes para seguir llevando el nivel de vida que correspondía a su categoría. Las tierras, en la mayoría de los casos, siguieron cultivándose por los mismos brazos y con los mismos sistemas. Únicamente puede apreciarse una cierta fragmentación de la propiedad al establecerse entre la población romana unos 100.000 visigodos.
La instalación y reparto de las tierras debió llevar algún tiempo, y en esos cuidados ocupó Teodorico I (415-451), sucesor de Valia, los primeros años de su reinado. Hay que consignar que la actitud de la población galorromana hacia los nuevos huéspedes no fue hostil, o al menos no tanto como pudiera deducirse de las cargas que les comportaban. Para comprender este punto es preciso reflexionar sobre el clima de inseguridad de la época, en el que los habitantes del Imperio estaban expuestos al paso constante de pueblos bárbaros y bandas incontroladas, con las inevitables secuelas de saqueos y pillajes. En tales condiciones, tener instalado entre ellos a un pueblo que les garantizase la paz y el orden, aun a costa de tener que entregarle parte de sus propiedades y sus casas, era el menor de los males.
Teodorico pudo así echar las bases de la coexistencia pacífica de su pueblo y los habitantes de Aquitania. En modo alguno deben considerarse como una sola entidad política. por el contrario, ambas comunidades conservaron su propia personalidad y se esforzaron por mantener sus rasgos diferenciales. En cuanto a las estructuras políticas, puede decirse que se trata de dos estados superpuestos. Teodorico no es rey de un país o territorio, sino de un pueblo: los visigodos. El resto de la población sigue sujeta a Roma, que continúa nombrando las autoridades civiles y administrativas. Sólo en el mando militar los visigodos sustituyen a los romanos.
Esto no es obstáculo para que Teodorico intente luego romper el pacto que lo subordina a Roma e inicie una política independiente, buscando ampliar el territorio sobre el que estaban instalados. La independencia la consigue en el 425, a raíz de las luchas que se producen a la muerte de Honorio entre los aspirantes al Imperio: Valentiniano III y Juan. Los godos intervienen en ellas en provecho propio, apoderándose de algunas zonas de la Narborense. Aecio les obliga a retirarse cuando sitiaban Arlés, pero Roma hubo de reconocerles la independencia para conseguir de ellos que le devolvieran las otras ciudades conquistadas. Esta independencia no será definitiva y Teodorico volverá a firmar otro pacto con el Imperio.

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