22 may. 2014

LA GRAN INVASIÓN: LOS VÁNDALOS SE QUEDAN CON ÁFRICA

La llegada de los vándalos a la Bética determina un cambio importante en la trayectoria de este pueblo y en la estrategia por el dominio del Mediterráneo. Roma había puesto siempre el mayor cuidado en impedir que ningún pueblo se estableciera en la costa ni construyera flota alguna. Eso le garantizaba la posesión de las vías de comunicación que dicho mar suponía. A través de ellas discurría toda la vida del Imperio: el abastecimiento de Roma, el desplazamiento de las tropas, el correo y demás servicios de la administración... El día que la navegación por el Mediterráneo corriera peligro, podía decirse que la seguridad del Imperio estaba amenazada. Los prieros que van a romper con éxito todas las cautelas romanas van a ser los vándalos. Desde el año 426 sabemos que poseen una flota con la que hacen expediciones a las Baleares y Mauritania. Desde entonces su poder irá creciendo. Conquistan importantes ciudades, como Cartagena y Sevilla. Luego emprenden los preparativos para lo que debió de ser el sueño dorado de muchos de esos pueblos: pasar a África del Norte y establecerse allí definitivamente. Antes de partir, muere Gunderico, y le sucede su hermano, el gran Genserico, que todavía tiene arrestos para dejar de lado, por el momento, los preparativos y subir a Mérida a castigar a los suevos. Al fin, en mayo del 429 embarcan en Tarifa hacia Cartago, donde establecen un importante estado independiente.
Su llegada es trascendental para África, ya que con ellos cambia su fisonomía. Cuando un siglo más tarde la reconquista Justiniano, ya no será la "provincia" por antonomasia del Imperio, el vergel donde las grandes familias de la aristocracia romana hacían sus villas de recreo; por el contrario, la encontrará desromanizada y en proceso de rápida desculturización. La región está minada por la lucha entre la población afrorromana (católicos) y los vándalos (arrianos); la agricultura y el paisaje, deshechos por las devastaciones. Situada en un clima seco, en el que la vegetación, una vez perdida, sólo se recupera con grandes esfuerzos, África del Norte adquiere entonces la apariencia de tierra semidesértica con que nosotros la conocemos actualmente.
A pesar de ello, el poder militar de los vándalos no decrece, poniendo en peligro a Roma, que tiene que acceder, impotente, a todas sus peticiones. En el año 442 ha de reconocer su asentamiento en Túnez como federados. Desde allí se extienden radialmente por Numidia, Mauritania y Tripolitania. Genserico logra entrar en la misma Roma. En el año 470 conquistan Sicilia, último granero de Roma, una vez perdidas Hispania y Egipto. La Ciudad Eterna no podía sobrevivir a esta pérdida. Ante la huida en masa de sus habitantes, el emperador hubo de reconocerles la independencia total para conseguir la devolución de Sicilia. Era el primer estado bárbaro en obtenerla. A cambio de ella, el Imperio prorrogaba en nueve años su lenta agonía.

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