12 may. 2014

EL OCASO DE LA EDAD TARDÍA II: LA ALIANZA ENTRE IGLESIA Y ESTADO

La iglesia cristiana prosperó como consecuencia del protectorado del Estado establecido tras el Concilio de Nicea. No obstante hubo un efímero intento de restauración pagana llevado a cabo por el emperador Juliano (361-363) que no prosperó, al contrario, los privilegios fueron aumentados hasta culminar en las medidas adoptadas por el emperador Teodosio, que hicieron del cristianismo la religión oficial del Imperio y convirtieron al paganismo en una serie de religiones proscritas y perseguidas.
A lo largo del siglo IV la Iglesia se convirtió en un instrumento del poder civil que conformaba un estado dentro del propio Estado. Las inmunidades fiscales y los privilegios concedidos a los clérigos, hicieron de los eclesiásticos las personas más indicadas para ocupar los cargos públicos que los particulares rechazabanpor su carácter oneroso. Los clérigos no sólo aparecen al frente de pingües negocios industriales y comerciales, sino que incluso los vemos dedicados a la práctica del préstamo usurario. La Iglesia pasó así a convertirse en uno de los principales terratenientes y en el patrono de la más amplia clientela de colonos y siervos, contradictoriamente con sus ideas primitivas. Esto fue debido a que cuantos se acogían a trabajar en las propiedades eclesiásticas se beneficiaban de exenciones y privilegios que los emperadores les habían concedido automáticamente.
Conforme se agravaba la situación política y económica del Imperio, como consecuencia de las cada vez más peligrosas incursiones bárbaras, se veía a los obispos actuar con mayor frecuencia como protectores y defensores de sus ciudades. En realidad la Iglesia fue la única institución que pudo ofrecer un cuadro de hombres capacitados para sustituir al funcionariado romano una vez que éste desapareció.
Pero la alianza entre la Iglesia y el Estado constituyó también un serio peligro para la libertad de la Iglesia y para la realización ejemplar de los mismos principios evangélicos que predicaba. este "constantinismo" de la Iglesia, tan lúcidamente lamentado en las etapas postconciliares, fue motivo, desde el principio, de severas críticas y violentas oposiciones por parte de aquellos grupos cristianos a quienes no satisfizo la unión de la Iglesia y el Estado. Aquí y no en otro sitio debe buscarse en muchos casos el origen de algunas herejías, corrientes críticas del cristianismo que se postulaban en contra de las posturas mantenidas por los círculos dirigentes de la Iglesia y que reflejaban, sobre todo, la ideología de los cristianos más pobres: esclavos, colonos, plebe urbana y estratos medios de la sociedad ciudadana.
Los cimientos del medievo estaban fraguando a marchas forzadas...
(continuará)

2 comentarios:

Miguel Ángel de Mòstoles dijo...

Por algo dicen que el poder corrompe.

¡Feliz fin de semana!

FRANCISCO GIJON dijo...

Y tú que lo digas. Casos tenemos en todas partes, imagínate el revanchismo tras 3 siglos de persecución...

Happy weekend to you too!