10 may. 2014

CRISTIANOS CONTRA DIOCLECIANO Y SUS REFORMAS

Particularmente opuestos a la reforma de Diocleciano se mostraron los cristianos. Uno de ellos, Lactancio, escribía esta dura crítica a la política del Emperador en la primera mitad del siglo IV:
"Cada uno de los cuatro soberanos mantuvo a su disposición, él solo, más soldados de cuantos tuvieron los emperadores precedentes en todo el Imperio. Los impuestos aumentaron en forma inaudita; el número de los que recibían era mayor del de los que pagaban, de modo que los colonos arruinados abandonaron la tierra y los campos quedaron incultos. Todavía peor resultó el hecho de que todas las provincias fueran divididas en partes y que a cada región y a cada ciudad se enviara una multitud de funcionarios y de recaudadores, cosa que no fue, en absoluto, favorable para la sociedad. Esta gente sólo trajo consigo cadenas, exilios y una corrupción acompañada de crueles violencias".Otro de los puntos de fricción entre los cristianos y la política imperial se concretaba en la actitud de aquéllos ante el servicio militar. Junto al desinterés general de los cristianos por colaborar en la reorganización del Imperio había serias objeciones de conciencia por parte de los cristianos para enrolarse en el ejército, pues tal hecho exigía una adhesión casi religiosa a la persona del divinizado emperador, así como la realización de sacrificios y ceremonias manifestativas de la fidelidad a los ideales del Imperio pagano.
Diocleciano, en efecto, pensaba reorganizar el Imperio no sólo sobre una base económica y material, sino sobre bases ideológicas. Entre las diversas ideologías que pudo elegir, el cristianismo habría sido, sin duda, la más aceptable para la mayor parte de la población del Imperio. Pero el emperador cometió el error político de optar por la religión tradicional pagana... y así comenzó la última y más grave de las persecuciones organizadas por el Estado contra los cristianos.
El plan se llevó a cabo escalonadamente. El primer paso (297-298) consistió en una depuración del ejército que afectó a los militares que, como cristianos, se negaron a ofrecer sacrificios a los dioses. Entre los que sufrieron esta suerte en Hispania figuran el centurión Marcelo, de la guarnición de León, ejecutado en Tingi (Tánger); en Calagurris (Calahorra) fueron degollados los soldados Celedonio y Emeterio, y en Córdoba, el soldado Marcial.
En los años que marcan el paso del siglo III al IV los edictos de persecución general se sucedieron uno tras otro, hasta cuatro. A este época se refieren la mayor parte de noticias que poseemos sonbre mártires cristianos en España, si bien no todas ellas poseen el mismo valor. Entre las más fidedignas están las referentes al martirio de Acisclo, Fausto, Zoilo y Jenaro, en Córdoba; en Girona fue ejecutado Félix, en Barcelona, Cucufate; en Zaragoza, Engracia y dieciocho compañeros más, etc...
La distribución de estos mártires por todo el territorio peninsular demuestra, a falta de mejores pruebas, la gran difusión que el cristianismo había alcanzado en el país. La pujante religión se extendió mucho más por las ciudades que por el campo, donde la masa campesina siguió aferrada a sus creencias seculares, hasta el punto de que todavía hoy la palabra "pagano", que originariamente servía para designar a los habitantes de los "pagos", es decir, a los campesinos, se aplica a los seguidores de religiones naturalísticas, como las conservadas por los campesinos peninsulares de aquella época.


Para saber más puedes leer HISTORIA ANTIGUA DE LAS ESPAÑAS siguiendo este ENLACE (zona euro) o bien este otro ENLACE para el resto del Mundo.

2 comentarios:

Miguel Ángel de Mòstoles dijo...

Francisco, ¡eres un pozo de sabiduría!

FRANCISCO GIJON dijo...

ja ja ja ja ja
Dejémoslo en un pozo a secas.
¡¡¡Un abrazo!!!