3 may. 2014

ALEJANDRO SEVERO "EL RECONCILIADOR" Y LA ANARQUÍA MILITAR

En el año 222 había ceñido la corona imperial Gesio Basiano Alexiano, a quien todo el mundo conocería por el nombre de Alejandro Severo, debido a que a nadie le era ajena su admiración por Alejandro Magno.
Su primo y antecesor, el estrafalario Heliogábalo, lo había adoptado como sucesor a pesar de que lo odiaba cordialmente "porque era la única persona honrada de Palacio". Aquel honrado muchacho poseía, además, una rara devoción por los más dispares personajes: cada mañana, en su larario o capilla privada, ofrecía sacrificios a las "almas santas" de Alejandro Magno, Orfeo, Abraham, Apolonio de Tyana e incluso Jesucristo. Su piedad era un claro exponente de su sana intención de reconciliar, en un artificioso sincretismo, las clases sociales y los grupos políticos y religiosos que tenían por centro a cada uno de sus personajes preferidos.
En efecto, este emperador, que sería el último de la casa de los Severos, se propuso nada menos que avenir a los honestiores y a los humiliores. Entre las medidas que tomó para lograrlo estuvo la de encargar a los mejores juristas de su época un código en el que se recogiesen y legalizasen las medidas democráticas que sus antecesores, desde Septimio Severo, habían impuesto por la fuerza. En suma, pretendía que el régimen militar evolucionase hacia un régimen civil, pero, de hecho, muchas de sus medidas no sirvieron más que para acentuar la separación entre burguesía y campesinado.
El bueno de Alejandro Severo, de quien se dice que lloraba de pena cuando tenía que marchar al frente para hacer la guerra, logró un inesperado éxito rechazando un ataque de los persas. Su triunfo podría haber elevado su prestigio interior y hacer más aceptables sus reformas. Pero no fue posible: en el año 234 los germanos forzaron las líneas defensivas romanas del Rhin y del Danubio y el emperador, en lugar de presentar batalla, ejecutó una retirada vergonzosa. Los legionarios no aceptaron su actitud y Severo fue asesinado en su tienda de campaña. Así comenzó la anarquía militar.
Los cincuenta años que duró este lamentable período de la historia de Roma (235-285) tuvieron el carácter de una guerra civil en la que se enfrentaron decisivamente los dos sectores en que se dividía la sociedad romana: la burguesía y el proletariado (los honestiores y los humiliores). Sobra decir que la casa Severiana había inclinado siempre la balanza dl lado de los militares. Septimio Severo, que había alcanzado el poder gracias al apoyo de unos soldados procedentes de las fronteras danubianas, hizo grandes concesiones al ejército. De hecho, gracias a este emperador, los simples centuriones tuvieron, en adelante, acceso a la clase ecuestre, con lo que las clases dirigentes pronto se vieron integradas por militares semibárbaros o poco romanizados. El matrimonio, prohibido hasta entonces a los soldados, fue permitido, con lo cual decayó por una parte la disciplina y por la otra se hizo posible una nueva clase antes inexistente: la militar. Tanto Septimio Severo como sus sucesores fueron muy generosos con las clases sociales entre las que se reclutaban sus tropas. Así, el campesinado y las clases proletarias vieron en estos emperadores a sus protectores y en los soldados a los encargados de presentar sus quejas al emperador. Los perjudicados en este caso fueron los burgueses y los funcionarios de origen burgués.


2 comentarios:

Miguel Ángel de Mòstoles dijo...

Voy contigo de la mano en la historia.

FRANCISCO GIJON dijo...

Honor que me haces. Honor que me hacéis todos los que, vía mail o con vuestros comentarios, elogiáis y seguís ésta mi modesta forma de explicar un tema que a mí me apasiona.
Muchas gracias por pasarte Miguel.