29 abr. 2014

HISPANOS ILUSTRES

Ya hemos hablado de Lucio Anneo Séneca y parentela. Centrémonos en sus familiares y otros hispanos influyentes e ilustres en tiempos de la Hispania Romana.
Marco Anneo Lucano nació también en Córdoba y fue llevado a Roma a los ocho meses de edad. De él sólo conservamos una epopeya dedicada a la guerra civil entre César y Pompeyo, conocida con el título de Farsalia, obra en la que Lucano volcó no sólo lo mejor de su sensibilidad artística, sino también sus ideas políticas republicanas. Enemistado con Nerón por ambos capítulos y complicado en la conjura de Pisón, fue condenado al suicidio, a pesar de que en un desesperado intento por alcanzar el perdón llegó incluso a denunciar a su propia madre (ay, la familia). Murió en el año 65, a la edad de 25 años.
También era un niño el calagurritano (Calagurris = Calahorra) Marco Fabio Quintiliano (35-95), cuando fue enviado por su padre a Roma. Pronto destacó como orador y maestro de oradores. Vespasiano hizo de él el primer profesor de retórica a sueldo del Estado y Domiciano le encargó la educación de sus sobrinos segundos, distinguiéndole además al concederle la dignidad consular. Escribió, para un hijo suyo, una obra titulada De institutione oratoria, que además de una teoría literaria era un auténtico tratado de pedagogía. Se cuenta que, al morir su hijo a la edad de diez años, Quintiliano sopesó la idea de quemar sus escritos, pero no lo hizo y éstos pasaron a la posteridad afortunadamente.
Marco Valerio Marcial, nacido en Bilbilis (actual Calatayud) hacia el año 40, marchó también a Roma en los días en que la desgracia se abatió sobre Séneca y su familia, con lo que Marcial perdió a sus pontenciales protectores. Marcial, que era igualmente perezoso, se las ingenió para vivir parasitariamente del Estado, escribiendo adulatorias poesías, observando, describiendo y criticando el mundo que le rodeaba. Ya de viejo volvió a su patria chica (tal vez por recomendación imperial), donde murió en una hermosa finca con bosques, arroyos, palomares y rosaledas que le regaló una rica admiradora y paisana suya llamada Marcela. Para la posteridad se han conservado 1500 epigramas suyos. En este género, Marcial se convirtió, en efecto, en el clásico de todos los tiempos; y es de lamentar que le faltase poco para ser también un clásico universal de la adulación, la obscenidad y la pordiosería, porque se le daban muy bien.
Otros muchos nombres se podrían añadir a la lista, como el del gaditano Junio Moderato Columela, hombre profundamente enamorado de la naturaleza, del que se conservan varios interesantes libros sobre agricultura y jardinería; o el de Pomponio Mela, autor de una sugestiva obra geográfica titulada Corografía.No creemos que todos los triunfos se anotasen a cuenta de la política o la cultura. Se conocen casos como el de un auriga, el lusitano Diocles, que, en tiempo de los Antoninos, llegó a ser el más famoso conductor de cuádrigas de carrera del Imperio. Fue un verdadero "recordman" mundial que pudo permitirse incluso el lujo de retirarse a los 24 años de dedicación al deporte con un capital que se podría evaluar actualmente en los 7 millones de euros. Sus "fans" le dedicaron una larga inscripción lapidaria, por la que tenemos noticia detallada de todas las victorias que logró a lo largo de su vida, que no fueron pocas.
Finalizaría este somero repaso con una reflexión ad hoc: gracias a los éxitos y reveses de los protagonistas hispanos de la historia de Roma se forjó la mentalidad de los hispanos e hispanorromanos, en la que acabó predominando un sentimiento de vinculación al destino común que les unía a la Urbs sobre cualquier otra consideración nacionalista o patriótica, que no se dio en Hispania al menos con la misma intensidad como se registró, por ejemplo, en las provincias orientales del Imperio.

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