22 abr. 2014

ECONOMIA Y SOCIEDAD EN LA HISPANIA ROMANA II: LO QUE LOS ÁRABES NO APORTARON

Los romanos levantaban campamento de trazado rectangular. En España se han conservado las ruinas de muchos de ellos, como por ejemplo los utilizados por el ejército que puso sitio a Numancia. Otros muchos quedaron incorporados a las ciudades que sobre ellos se construyeron y en cuyos planos aún puede apreciarse el antiguo trazado castrense, hablamos de León, Cáceres y Lugo, entre los más importantes.
Se conservan también restos de las murallas levantadas en tiempos de la conquista. Una vez pacificado el país, las ciudades rebasaron los primitivos recintos amurallados y se extendieron por el campo abierto sin defensa alguna. En épocas posteriores, concretamente a partir del siglo III, la ruina de la burguesía urbana y la intranquilidad general hicieron que se abandonasen los barrios periféricos y que las ciudades volvieran a reducirse a sus perímetros originales. Las antiguas murallas fueron reconstruidas y reforzadas repetidamente. Por esto, las construcciones romanas han llegado hasta nosotros enmascaradas por las obras de restauración posteriores. Tal es el caso de las murallas de Barcelona, León, Tarragona, Coria, Lugo, etc...
El abastecimiento de agua potable a las ciudades llevó a la construcción de grandes obras hidráulicas, de las que se han perdido, por regla general, las partes correspondientes a las canalizaciones y sólo nos han llegado, en el mejor de los casos, los grandes acueductos (como el de Segovia, que ya apareció ilustrando una entrada precedente). Los romanos desconocían los sifones o, por lo menos, no dispusieron de tuberías capaces de resistir fuertes presiones. Por ello recurrieron a los acueductos para salvar los valles. El de Segovia data de tiempos de Augusto, siendo el recorrido total de su canal de 16 km. De la misma época podría ser el de Tarragona, con 200 metros de arquería y un recorrido total de 25 km. Restos de otros importantes acueductos se encuentran en Sádaba (Zaragoza), Sevilla, Toledo, valle de las Guadalerzas (Toledo), Cella (Teruel), Chelva y Sagunto (Valencia) y Calahorra (Logroño). Mérida recibió aguas por tres acueductos, dos de ellos elevados sobre arcos y otro a nivel de tierra. Cada uno de ellos arrancaba de un embalse distinto. El más importante es el llamado Embalse de Proserpina (en la imagen), cuyo dique de hormigón forma un lago artificial capaz de embalsar diez millones de metros cúbicos de agua. También es notable el pantano de Cornalvo, de más capacidad que el anterior, pero no tan bien conservado.
Para completar esta mirada a las realizaciones hidráulicas de Roma, mencionaremos las obras de canalización para el regadío que se llevaron a cabo en la huerta Valenciana (en efecto: no fueron los musulmanes, como muchos piensan) aprovechando las aguas del Turia. Al parecer, también fue obra de los romanos la puesta en regadío de los campos murcianos y de la vega granadina. Los árabes no fueron, así pues, los creadores de estas importantes infraestructuras, si bien tuvieron la habilidad - y eso hay que reconocérselo - de aprovecharlas, mantenerlas y ampliarlas.

2 comentarios:

B. Miosi dijo...

Bueno aclararlo: no fueron los musulmanes. Que ahora está de moda decir que los musulmanes prácticamente diseñaron y arreglaron la Hispania.

FRANCISCO GIJON dijo...

Efectivamente, Blanca. Entra dentro de lo "políticamente correcto" atribuírles cosas que no aportaron. No obstante hay que reconocer que, en pleno medievo, los Europeos recuperamos a los autores clásicos (sobre todo griegos) gracias a dos vías: los monjes irlandeses y el Islam. Un ejemplo: las obras de Aristóteles, perdidas durante 6 siglos, reaparecieron merced a una embajada de Damasco que llevó algunas de sus obras (las que conocemos hoy) como regalo para su casi recién fundada Universidad - eso sí, pasadas por el tamiz del Corán. También es de justos afirmar que fueron los musulmanes los que supieron rescatar el funcionamiento de obras hidráulicas abandonadas durante las décadas y siglos de la mal llamada Edad Oscura.

;o)