21 abr. 2014

ECONOMIA Y SOCIEDAD EN LA HISPANIA ROMANA I

Hagamos un inciso para estudiar la transformación que se opera en la Península Ibérica durante el primer período de su vinculación a Roma, conocido con el nombre de Alto Imperio. Consumada la conquista y pacificado el país por obra de Augusto, brotaron por toda la geografía hispana ciudades cada vez más numerosas donde habitaba una población próspera de activos burgueses, asimismo numerosos y alejados también, económica y culturalmente, del campesinado rural y del proletariado urbano.
Dentro de la población total del Imperio que, en tiempos de Augusto, se estima en unos 70 millones de habitantes, los 6 o 7 millones de personas que habitaban en la Península Ibérica hacían que la densidad de población no fuese de las mayores con unos efectivos medios de 10-12 habitantes por kilómetro cuadrado. A lo largo del Alto Imperio este número fue aumentando hasta un entorno del 15%. Las regiones más pobladas fueron la Bética y la costa levantina, cuya población relativa pudo llegar a los 20 habitantes por kilómetro cuadrado.
Hemos de destacar las obras que se realizaron para dotar a las ciudades de los servicios necesarios o incluso de esplendorosas construcciones ornamentales, donde ingenieros y arquitectos romanos volcaron todos sus conocimientos artísticos y técnicos.
Las primeras obras llevadas a cabo, ya desde tiempos de la conquista, fueron de ingeniería militar: murallas, campamentos, caminos estratégicos. Estos últimos se multiplicaron hasta constituir una red viaria que hizo posible un floreciente comercio interno y una intensa difusión de todos los fenómenos culturales. A su llegada a Hispania, los romanos hallaron, entre otras, la Vía Hercúlea, que ellos ampliaron hasta Gadir (Cádiz) y le dieron, posteriormente, el nombre de Vía Augusta. De este primer cordón pronto comenzaron a salir numerosos ramales, para los que se aprovecharon, en ocasiones, otras rutas preexistentes, procurando que su trazado atendiese principalmente a la mejor comunicación entre ciudades (no es cierta, pues, la idea que nos hemos hecho durante años de que las calzadas romanas fuesen todas ellas de nuevo trazado: muchas se hicieron sobre caminos preexistentes).
Resulta muy interesante destacar cóo los técnicos romanos procuraron construir las vías con el trazado más corto posible, prefiriendo la línea recta, aunque ello les obligase en ocasiones a acometer fuertes pendientes y desniveles. En los valles pantanosos la carretera se echó sobre terraplenes y no se economizó en la construcción de alcantarillas, desagües y grandes puentes. Muchos de éstos, perfectamente conservados, soportan aún hoy el tráfico de nuestras modernas carreteras, trazadas frecuentemente sobre las antiguas calzadas romanas. Cabe aquí destacar el soberbio puente de Alcántara (en la imagen), obra del arquitecto Cayo Lácer, costeado por varios municipios de la provincia de Lusitania.
El firme de las calzadas venía a oscilar entre los 45 centímetros y un metro de espesor. Se componía de cuatro capas: la interior, que servía de cimiento y es la que, por lo general, se ha conservado hasta nuestros días, se construía con piedras grandes; encima seguía otra capa de piedras pequeñas, una tercera de grava y, finalmente, una superior hecha de cascajo y cemento o empedrada. La superficie muestra un ligero abombamiento para que escurran las aguas pluviales. Tenían bordes de piedra y bancos, también de piedra, para descansar o facilitar la subida o bajada de las cabalgaduras. Las millas eran señalizadas por medio de columnas donde se indicaba la distancia recorrida y el nombre del emperador en cuyo tiempo se había construído la calzada. De trecho en trecho había casas de postas con servicios diversos para las necesidades de los viajeros: alimentación, forraje para las cabalgaduras, hospederías, prostíbulos, etc...
Queda visto, pues, que en muy poco diferían las redes viarias de hace dos mil cien años de las actuales, excepción hecha de los materiales empleados y de los vehículos que por ellas transitan y demostrado asimismo que el concepto de red viaria, su funcionamiento e importancia económica son casi idénticas al de las actuales.

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