2 mar. 2014

LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA (VII): LA BATALLA DE CANNAS

Mientras Varrón (en la imagen) y su colega diseñaban nuevas tácticas de defensa, Aníbal andaba por la costa adriática de la península italiana ocupado en almacenar víveres y en entrenar a las nuevas tropas que había ido reclutando sobre la marcha. Allí fueron a buscarle los cónsules con un ejército que, de creer a Polibio, superaba al cartaginés en una proporción de dos a uno. Aníbal dispuso sus tropas de espaldas al viento, de modo que las nubes de polvo que levantaban los cartagineses fuesen a dar contra la cara de los romanos. Ordenó a su infantería en forma de media luna, con la parte convexa mirando al enemigo. En el centro colocó a los mercenarios galos e íberos y en los extremos a los líbicos - sobra hacer alusión a las similitudes con ejércitos contemporáneos como, por ejemplo en la guerra de Vietnam. La caballería númida se colocó en el ala derecha y la ibérica en la izquierda.
Los romanos lanzaron el grueso de sus tropas contra el centro de formación cartaginesa, que cedió poco a poco hasta pasar de su forma convexa inicial a la cóncava. Antes de que el frente cartaginés fuese roto por la cuña romana, los libios de los extremos atacaron a los romanos de costado. La caballería cartaginesa realizó un movimiento envolvente a espaldas de los romanos y éstos quedaron cercados por completo.
De los 80.000 romanos que habían entrado en batalla, unos 70.000 perecieron. El resto cayó prisionero, menos un pequeño grupo en el que iba el único cónsul superviviente, Terencio.

Los cartagineses esperaban que Aníbal diese la orden de marchar sobre Roma, pero no lo hizo. Era mucho más importante para él aprovechar la victoria para separar de Roma a sus aliados.
Tras el desastre de Cannas, que no de otro hemos hablado hasta ahora, el mando romano comprendió que la única forma de vencer a Aníbal era seguir los métodos del vilipendiado Fabio Máximo, quien pasó de ser un cobarde a un estadista. Al mismo tiempo, era necesario enviar urgentemente tropas a Hispania para cortar las comunicaciones entre Aníbal y sus bases en Hispania y el norte de África.

(CONTINUARÁ)

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