1 mar. 2014

LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA (VI): EL TERROR CONTADO POR TITO LIVIO

Así nos cuenta el historiador romano la reacción de pánico que vivió la ciudad ante los avances de Aníbal en la península italiana:

"En Roma, a la primera noticia de estas derrotas, el pueblo, sobrecogido de terror, se reunió tumultuosamente en el Foro. Las mujeres corrían por las calles preguntando a cuantos encontraban acerca del ruor que acababa de extenderse sobre la suerte del ejército. La multitud, tan numerosa como en la asmablea general, se había dirigido al comicio y a la curia, llamando a los magistrados. Por fin, poco antes de ponerse el sol, presentóse el pretor M. Pomponio y dijo "Hemos perdido una gran batalla". Nadie conocía lo que podía esperar ni lo que tenía que temer. A la mañana siguiente y muchos días después una multitud, especialmente de mujeres, se estacionó a las puertas de la ciudad esperando a algún pariente o noticias de los suyos; se amontonaban alrededor de los que iban llegando, preguntándoles acerca de lo sucedido, y si eran personas conocidas, no les dejaban hasta que habían referido la catástrofe con todo detalle. En seguida se notaba en el semblante de los que se alejaban expresiones muy diferentes, según hubieran recibido buenas o malas noticcias, y regresaban a sus casas rodeados de amigos que les felicitaban o consolaban. Las mujeres, especialmente, eran las que daban rienda suelta a su dolor o a sus alegrías; habiendo visto una de ellas a su hijo inesperadamente, se cuenta que murió en el acto a las mismas puertas de su casa; otra, a quien falsamente se le había dado la noticia de la muerte del suyo, al verle regresar sano y salvo, murió por causa de la intensidad de su alegría. Durante muchos días los pretores se mantuvieron reunidos en el Senado desde la salida hasta la puesta del sol para deliberar acerca del general y tropas que podrían oponer a los cartagineses victoriosos..."

Y fue entonces cuando se le dieron poderes dictatoriales a Quinto Fabio Máximo, el mismo que había declarado la guerra ante el Senado cartaginés. Su plan consistía en molestar a los cartagineses sin dar la cara, en entorpecer hasta el máximo sus operaciones, pero sin presentar batalla en campo abierto. Los romanos, que nada deseaban más que destruir a su enemigo, no comprendían las tácticas dictadas por Quinto Fabio; les desesperaba lo que, en realidad, era su única esperanza: paralizar a Aníbal. Fabio recibió de sus conciudadanos el ofensivo apelativo de "cunctator", es decir, "indeciso".
Pero Fabio, consciente de la superioridad de la caballería cartaginesa, no cambió de táctica por más que se le criticó. Lo que él pretendía era prolongar la guerra, desgastar a Aníbal y desmoralizar a sus mercenarios ante un enemigo que no se dejaba ver. Y así logró evitar nuevos desastres. Cuando se cumplieron seis meses de su mandato dictatorial, Fabio entregó el mando a los cónsules y se retiró. En las elecciones del 216 salieron elegidos Lucio Emilio Paulo y arco Terencio Varrón. Las tácticas de Fabio se olvidaron y la cosa cambió...

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