3 mar. 2014

LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA (VIII): LA MUERTE DE LOS ESCIPIONES

Volvamos a los campamentos de Cneo Cornelio Escipión, al norte del Ebro. Una vez ocupada Cissa, Cneo no hizo en Hispania, como dice Apiano, nada digno de ser mencionado hasta la llegada de su hermano Publio. A pesar de que en Italia la situación era verdaderamente grave, el Senado consiguió enviarlo a nuestra Península con refuerzos. Romanos y cartagineses forcejearon en la región del Ebro inferior hasta que en el 215, una victoria de los romanos impidió a Asdrúbal enviar refuerzos a Italia y abrió a los romanos el camino a Sagunto.
Al año siguiente estalló en África la rebelión de Sifax, rey de Numidia, contra Cartago. Asdrúbal tuvo que marchar allá con sus tropas, donde precisó de 3 años para sofocar la revuelta. Este plazo de tiempo jugó a favor de los romanos, que gozaron de cierta libertad de movimientos en Hispania. Al mismo tiempo, los celtíberos comenzaron a preferir a los romanos, a quienes, desde ahora, se unieron como mercenarios.
En consecuencia, los Escipiones conquistaron Sagunto y Alicante. Desde allí penetraron por el valle del Guadalquivir, en territorio turdetano. Cástulo e Iliturgis también abandonaron a los cartagineses y se unieron a los romanos.
Pero en el 212 Asdrúbal regresó de África acompañado de su hermano Magón y de otro general llamado Giscón. Hábilmente logró separar Asdrúbal a los dos Escipiones. Publio fue derrotado y muerto junto a Cástulo, por Giscón y Magón. Cneo, también vencido, se refugió con un pelotón de soldados en una de aquellas torres de vigía que eran tan frecuentes en el país. Los cartagineses prendieron fuego a la torre y allí pereció el general romano con sus soldados.
Después de este desastre, los romanos perdieron casi todo lo que habían ganado en seis años de contienda. Los restos de sus tropas, reagrupados por Tito Fonteyo, se replegaron a sus bases del norte del Ebro, dominando una estrecha cinta del litoral entre el Ebro y los Pirineos.

(CONTINUARÁ)

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