7 feb. 2014

AMILCAR BARCA Y "LA GRAN IDEA"

Pues sí, Amílcar se convirtió de la noche a la mañana enel centro de todas las miradas, el hombre providencial llamado a vengar las humillaciones a que Cartago había sido sometida y, por supuesto, a satisfacer los intereses de cada uno de los sectores de la población.
La pérdida de las grandes islas mediterráneas y de la franja libio-fenicia en la Península Ibérica perjudicaban especialmente a la clase comerciante. Los agricultores, que veían en Amílcar a su salvador, estaban dispuestos a seguirle hasta el fin del mundo. La plebe de marineros y artesanos y la burguesía en general temía que la contracción de los negocios que seguiría al aislamiento cartaginés les obligara a dejar la ciudad y a labrar de nuevo las tierras de los grandes señores en sustitución de los esclavos en quienes ya no había motivos para confiar. Los intereses de todo el pueblo convergían, pues, en una misma dirección, y Amílcar supo dar con la mejor de las soluciones.
No sabemos con certeza de qué mente surgió la brillante idea. El hecho es que cuando se dio a conocer el grandioso programa de Amílcar, todo el mundo en Cartago lo apoyo entusiasmado. Se trataba de conquistar la Península Ibérica, al menos las regiones costeras. El balance de las ventajas era tentador. En primer lugar se compensarían ampliamente las pérdidas territoriales sufridas en Sicilia y Cerdeña. La Península Ibérica ofrecía además sus fabulosas riquezas mineras, la fecundidad de sus campos y la laboriosidad de sus habitantes. Para colmo, en ella e podía encontrar una incontable cantera de mercenarios, cuyo valor había sido ya demostrado en las anteriores guerras. En una palabra: la Península Ibérica era el futuro, la base desde donde los Barca podrían lanzarse como rayos (lo que eran) contra Roma, buscando el desquite de los anteriores desastres.

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