4 nov. 2013

SOBRE LA BATALLA DE BAILÉN

Poco después, las tropas francesas mandadas por Dupont sufrieron un gran descalabro en los campos de Bailén, donde el general Castaños obtuvo, con soldados bisoños, la primera victoria dentro de aquella titánica lucha, haciendo veinte mil prisioneros.
Los cañonazos victoriosos de dicha batalla retumbaban por toda Europa, anunciando a las naciones oprimidas por Napoleón que los ejércitos del emperador de Francia no eran invencibles.
Se cuenta que al rendirse, Dupont le dijo al general Castaños:
-General, os entrego esta espada con la que he vencido en cien combates.
A lo que el vencedor repuso:
-Pues general, mi primera batalla es ésta.
La batalla de Bailén se libró el 19 de julio de 1808.  La lucha continuó por toda España contra el invasor.  El hermano de Napoleón, impuesto como rey a los españoles con el nombre de José Napoleón I, después de jurar en Bayona la Constitución hecha por los afrancesados que siguieron a la corte, había hecho su entrada en Madrid el 20 de julio de 1808, un día después de la batalla de Bailén, pero se vio obligado a abandonar rápidamente la capital, que inmediatamente fue ocupada por el Gobierno español, creado con el título de Junta Central y presidido por el anciano conde de Floridablanca.
Sin embargo, el monarca intruso fue reinstaurado en Madrid por Napoleón, quien vino personalmente a España al efecto derrotando las tropas españolas en las acciones de Gamoral y Espinosa de los Monteros los días 10 y 12 de noviembre de 1809, la de Tudela el 23, y la de Somosierra el 30.
Con tales reveses Madrid quedó indefenso, y aunque rechazó con bizarría el ataque a sus mezquinas fortificaciones, improvisadas por el general Morla, hubo de capitular el 4 de diciembre.
Zaragoza, mientras tanto, nuevamente sitiada, asombró al mundo con su defensa, no entregando al vencedor más que un montón de cadáveres y escombros.
Con no menor heroísmo resistió Gerona, que no capituló sino cuando su defensor, Álvarez de Castro, tuvo que resignar el mando por haber caído gravemente enfermo. Mariano Álvarez de Castro nació en Granada en 1749.  Al comenzar la guerra con los franceses era ya brigadier.  En la defensa de Gerona se vio contagiado por la epidemia que se desarrolló en la ciudad, pero ni aun postrado en cama quiso firmar la capitulación que los enemigos le ofrecían, quedando prisionero y muriendo, tal vez asesinado, el 22 de enero de 1810.
De hecho un historiador contemporáneo nos deja el siguiente testimonio:

"Observóse por algunos que su cadáver, expuesto al público en unas parihuelas, estaba hinchado y de color cárdeno, a la manera de los ahogados y agarrotados.  Fue creencia general en Cataluña que el defensor de Gerona murió por falta de sueño, pues sus guardianes no le dejaban dormir: tan miserable fue la venganza que los soldados de Napoleón tomaron del heroico Álvarez de Castro."

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