21 oct. 2013

LA EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS


Luego, por causas que no se hicieron públicas, y que algunos quieren relacionar con el motín de Esquilache, Carlos III, influido por su nuevo ministro y consejero, el conde de Aranda, que era volteriano, tomó la resolución de expulsar del reino a todos los que formaban parte de la Compañía de Jesús, orden fundada en el siglo XVI por San Ignacio de Loyola.
Don Pedro de Abarca y Bolea, conde de Aranda, nació en Siétamo, en la provincia de Huesca, el año 1719.  Abrazó la carrera militar, llegando a general en 1762, y fue puesto por Carlos III al frente del ejército, en el cual introdujo la táctica prusiana, tan en boga por aquel entonces.
Al conde de Aranda es al que se deben las "Ordenanzas Militares".  Enviado a Prusia para estudiar la táctica militar de aquel país, le dijo un día Federico el Grande:
-Esta táctica no debería llamarse prusiana, sino española.
Federico el Grande se había inspirado en la obra titulada "Reflexiones Militares", escrita por el marqués de Santa Cruz de Marcenado.  Al despedirse de aquella corte el enviado español, el soberano de Prusia le regaló una marcha militar que fue declarada después por Carlos III "Marcha Real Española" el 3 de septiembre de 1770.  Los españoles la llaman ahora Himno Nacional.
Elevado el conde de Aranda al ministerio, consiguió con habilidad lo que Esquilache no pudo obtener por la fuerza en cuestión de indumentaria, comenzando a usarse el sombrero apuntado en lugar del chambergo.  Por sus ideas filosóficas y medidas de gobierno mereció grandes elogios de Voltaire, y por su sagacidad política le llamaron muchos el Talleyrand de su época.
Se cuenta, para pintar su rudo carácter y su tozudez, que, discutiendo con el rey Carlos III un día, le dijo éste:
-Aranda, eres más terco que una mula manchega.
A lo que inmediatamente replicó Aranda:
-Perdonad, Majestad, pero yo conozco otro más terco que yo.
-¿Quién?
-La Augusta y Sacra Majestad del rey de España y sus Indias -contestó el aragonés.
La atmósfera de hostilidad en que envolvieron a los jesuitas los filósofos del siglo XVIII ejerció tal presión sobre los gobiernos de varias naciones y aun sobre la misma corte pontificia, que los reyes de España, Francia y Portugal arrojaron de sus dominios a éstos, y el Papa Clemente XIV decretó la suspensión de la Compañía de Jesús, que más tarde fue restablecida.
Los célebres ministros de Carlos III, el conde de Aranda, Campomanes y el conde de Floridablanca, informados en las ideas de los enciclopedistas franceses, crearon un régimen más expansivo, ya que se dejó libertad de escribir sobre todas las materias, aun las más delicadas, y se cercenó el poder de la Inquisición, que vio apagadas sus hogueras.
Durante este largo reinado sólo hubo cuatro herejes quemados en la hoguera.  El único auto de fe ruidoso que hubo en la época fue contra el peruano don Pablo Olavide, intendente de las nuevas poblaciones de Sierra Morena, quien fue acusado de volterianismo, huyó a Francia, donde se vio expuesto a ser guillotinado por sus conexiones con los girondinos; entonces cambió sus ideas religiosas por otras menos arriesgadas.
El rey Carlos III, referente a la Inquisición, llegó a decir:
-Hubiera decretado la suspensión del tribunal, a no ser por la resistencia de una parte del clero y del pueblo, que no estaba suficientemente ilustrada.
Estas palabras alentaron a la escuela regalista, formada por los jurisconsultos defensores de los derechos reales sobre la jurisdicción eclesiástica, para dar carácter al movimiento científico y literario de la época.

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