25 oct. 2013

GODOY, EL PRÍNCIPE DE LA PAZ


Don Manuel Godoy nació en Castuera (Badajoz), en el seno de una familia humilde, aunque nobiliaria, el 12 de mayo de 1767.  Llegó a emparentar con la familia real, consiguiendo la mano de doña Josefina de Borbón, y obteniendo por ello grandes beneficios.
Sin embargo, poco después de la muerte de los reyes, a quienes siguió en su destierro, se encontró falto de recursos, hasta que alcanzó una pensión de Luis Felipe de Francia, en cuyo reino fue a establecerse en 1835, acabando sus días en 1852, a los ochenta y cuatro años de edad.
Las condiciones relevantes de Godoy eran las físicas, pues su instrucción era deficiente.  Parece que fue bígamo, pues cuando contrajo matrimonio con la citada infanta, estaba ya casado con la gaditana Pepita Tudó, que vivió noventa años, conservando hasta esa edad (dicen) su espléndida hermosura.  Es por esta causa que escribe el conde de Torreno:

"La escandalosa privanza de Godoy, se fundó, pues, en la profanación del tálamo real."

A él aludió sin duda el autor de la sátira en que se encuentra este famoso terceto:

Dejad de los estudios la molestia;
para agradar a una bonita dama
basta con ser una bonita bestia.

Este funesto personaje entró en palacio para quedarse como guardia de Corps, se atrajo el favor de la reina María Luisa y llegó en muy poco tiempo a las más altas dignidades.  El nuevo ministro empezó a desempeñar su cargo cuando Luis XVI perdía la vida en el patíbulo.  Poco después estallaba la guerra entre los republicanos de Francia y el pueblo español.
España se aprestó a la lucha con verdadero entusiasmo.  Los republicanos, al declarar la guerra de la Convención, dijeron:

-¡Que vaya la libertad al pueblo más espiritual de la Tierra!

El único que se opuso resueltamente a esta lucha, mostrando al rey los inconvenientes que a su juicio ofrecía y los resultados que eran de esperar, fue el conde de Aranda, cuya conducta explican los historiadores por los vínculos públicos y secretos que le ligaban con los republicanos franceses.
Los soldados de la República, que marchaban al son de la "Marsellesa", infundieron tal pavor a las tropas españolas, que éstas huyeron en desbandada a las primeras descargas de los batallones franceses.  El conde de la Unión, que mandaba las fuerzas españolas, les condenó a la bochornosa pena de llevar una rueca femenina como signo de su cobardía, aunque luego se la conmutó por otra menos infamante.
A pesar de la brillante campaña hecha por el general Ricardos, los franceses no sólo vencieron en el Rosellón, sino que invadieron el territorio español, apoderándose de varias plazas.  Fue necesario pedir la paz, que se firmó en Basilea en 1795, por la cual fueron devueltas las plazas tomadas a cambio de la parte española de la isla de Santo Domingo.
Por haber gestionado la paz, el rey Carlos IV premió a Godoy con el título de "Príncipe de la Paz", que añadió al de duque de Alcudia y a la Grandeza de España que ya poseía.

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